Editorial:

Opinólogos frustrados

Santiago, 26 de Enero de 2014

Es obvio que, después de cuatro años en La Moneda y otros cuatro en funciones internacionales, Michelle Bachelet no es la misma que llegó a La Moneda en 2006.

No ha perdido cercanía con la gente, pero sabe que en política siempre hay que cuidarse. La mezcla de cercanía y cuidado fue, sin duda, la característica principal de su campaña y, ahora, del período previo a la toma del poder.

Ha sido extremadamente reservada y la han criticado por ello. Pero está consciente de que la jocosidad y los micrófonos siempre abiertos generan muchas más críticas. Los nombres de su primer gabinete no trascendieron hasta el momento del anuncio, el viernes pasado. También por ello la han criticado, pese a que los responsables de las supuestas “filtraciones” no reconocen que lo suyo es generalmente pura especulación. Así ha sido siempre, por lo demás. En estos casos los transcendidos apuntan a afianzar a candidatos o a boicotear adversarios. Lo sabe bien la sabiduría vaticana: quien entra al cónclave como Papa sale Cardenal… y nada más.

Cuando se terminó el misterio, surgieron otras críticas.

Se acusa a la Presidenta electa de inconsecuencia porque sacó del Senado a Ximena Rincón cuando la Concertación –entonces todavía no constituida en Nueva Mayoría- fue pródiga en descalificaciones cuando el gobierno de Piñera hizo lo mismo. Ya antes ocurrió algo parecido en el momento en que, debido a las disposiciones vigentes, la Concertación tuvo que designar senadores.

En definitiva, con estas descalificaciones se niega la posibilidad de aprovechar, de la mejor manera posible, los mecanismos vigentes.

Ha habido otros comentarios absurdos.

En radio Bio-Bio se destacó que un periodista se cruzó, antes del anuncio de la Presidenta, con Gutenberg Martínez. Por su semblante, dedujo y así lo planteó, que Martínez estaba contrariado por no obtener un puesto en el gabinete. También se dijo que Carolina Tohá estaba molesta porque Ximena Rincón podía amenazar sus pretensiones presidenciales en cuatro años más. Sin pruebas ni mayores indicios,

En política, como en cualquier otra actividad, es legítimo especular e imaginar escenarios y distribuir personajes sobre ellos.

El periodismo, sin embargo, exige más rigor: separar de manera clara la información de la opinión.

Es la única manera de que el público –lector, auditor o televidente- pueda formarse un criterio propio.

Esta vez, la decisión de Michelle Bachelet de no abrir la boca antes de tiempo, les ha jugado una mala pasada a muchos supuestos videntes.

 

Abraham Santibáñez