Editorial:

Más allá del bochorno del Cau Cau.

Santiago, 12 de Enero de 2014

 

En el anecdotario nacional abundan algunas historias fascinantes pero de dudosa veracidad. En los deportes, hasta hoy día se habla de “la mala suerte” del Tani Loayza que sufrió un pisotón del árbitro cuando disputaba el campeonato mundial de boxeo o la equivocación en Amsterdam del maratonista Manuel Plaza. Están en lista de espera las frustraciones de “Chaleco” López en el Dakar.

Ninguna de estas situaciones quita méritos a estos esforzados personajes, pero para muchos parece un consuelo ese “casi” campeón o “casi” triunfador. El antipoeta de Isla Negra ha estado largamente entre los aspirantes al Nobel de Literatura. ¿Mejora ello o empeora su calidad? Difícil es determinarlo, ahora que se sabe que unos años antes a Pablo Neruda le negaron el galardón por su militancia comunista.

En esta línea de pensamiento, cabe preguntarse en qué categoría hay que incluir lo ocurrido con el puente levadizo del río Cau Cau: ¿Mala suerte? ¿Falta de profesionalismo de la empresa española a cargo? ¿Mala supervisión?

Lo importante en este caso es que esta vez no se escondió la primera piedra, inaugurada con la presencia de ministros. Por el contrario, el gobierno señaló que irá “hasta las últimas consecuencias” como si fuera portuario insatisfecho, minero en huelga o ciudadano estafado. Su significado es simple: el costo del error lo paga la empresa constructora.

Aunque en este caso el costo es muy poco comparado con lo que ocurre en Panamá, donde fallas en los cálculos amenazan con paralizar las obras de ampliación el Canal interoceánico, los chilenos hemos aprendido que en estos negocios, grandes o pequeños, no siempre la palabra empeñada se respeta.

En este mundo parece que nadie puede ayudarnos efectivamente. Los mecanismos existentes son demasiado lentos. En Panamá un arbitraje podría demorar mucho tiempo, mucho más del que puede soportar la autoridad del canal, amenazada por quienes proyectan otras vías en Nicaragua o en otros lugares de Centroamérica.

¿Bastaría con la creación de un Sernac internacional? ¿ O lo que se necesita es un sistema de acreditación de las empresas?

 

Abraham Santibáñez