Editorial:

¿Al estilo Potemkin?

Santiago, 29 de Diciembre de 2013

La pregunta clave es: ¿cuál fue el motivo de esta charada? ¿Por qué sus propios colaboradores expusieron a la Mandataria a la posibilidad, en definitiva materializada, de este traspié? ¿Qué perseguían con ello? ¿Qué importancia tenía que un hospital mediano, para 10.000 habitantes, se inaugurara precisamente el 29 de febrero y precisamente por la Jefa del Estado, y no lo hiciera ella -o la ministra, si ella no pudiese- unas semanas después, cuando verdaderamente estuviera listo?”.

El agudo comentarista Gonzalo Vial Correa planteó en su momento la dificultad de entender la prisa por inaugurar el hospital de Curepto cuando todavía no estaba totalmente terminado.

Lo comparó con las aldeas de utilería levantadas por el Príncipe Potemkin para impresionar a la Zarina Catalina la Grande. Y terminó reiterando la duda: “¿por qué, para qué se hizo?”.

Su respuesta a esta pregunta retórica fue contundente:

Me parece que obedeció a una nueva forma de hacer política, que practican así el gobierno de turno como los partidos, todos los partidos, aunque, claro está, el primero dispone de más elementos para utilizarla. No es muy antigua, y la ha desatado la importancia del factor mediático, y especialmente de la TV, para influir en el público... y, por tanto, en los posibles votantes”.

La alusión a “la nueva forma de hacer política” no estaba dirigida contra el gobierno del Presidente Piñera, ya que el eslogan de su campaña solo se acuñó más tarde. Pero se puede aplicar razonablemente a lo ocurrido ahora con la inauguración del las obras del Hospital de Puente Alto, cuya primera piedra terminó en una bodega, supuestamente a resguardo de desmanes.

Igualmente puede decirse de lo que sucedió con otro hospital, el de Maipú, que se quiso poner en marcha a la fuerza sin aprobación municipal.

En ambos casos el protagonista, más que el Presidente de la República, fue el ministro de Salud que al parecer se despedirá del cargo sin renunciar a los fuegos artificiales y exabruptos que lo han caracterizado.

Cuando la Presidenta Bachelet fue engañada por funcionarios secundarios que hasta se encargaron de conseguir pacientes falsos para la inauguración en Curepto, la derecha enarboló su mejor arma: la indignación moral. Se pidió una comisión investigadora y el senador Juan Antonio Coloma solicitó la entrega de todos los antecedentes del caso.

Al momento en que el Ministerio de Salud reiteró que los directores de Servicio de Salud son las personas responsables de las inauguraciones de los hospitales, Coloma fue categórico:

"Yo no me trago ese cuento".

Ahora que se anuncian decenas de inauguraciones en todo el país antes del término del período del Presidente Piñera, es de esperar que nadie tenga que tragarse cuento alguno.

 

Abraham Santibáñez