Editorial:

Lo que está pendiente

Santiago, 1º de diciembre de 2013

En la noche misma del 17 de noviembre se abrieron las compuertas partidistas y periodísticas para intentar explicar lo ocurrido en las elecciones. La mayoría de los comentarios apuntaron a lo inmediato: la segunda vuelta y es probable que no resistan el paso del tiempo. Ayudarán, sin embargo a esperar el veredicto definitivo de las urnas, consolando a los perdedores y reforzando el triunfalismo de los ganadores.

Por ahora, sin embargo, se ha hablado poco de algunas lecciones menos contingentes y que deberían ser tomadas en cuenta en el futuro.

Se ha mencionado, por ejemplo, la necesidad de avanzar a un sistema tecnológico de recuento de votos más avanzado. Se podría así facilitar y acelerar el proceso, sobre todo en una elección a cuatro bandas como ocurrió en las circunscripciones donde se elegían senadores además del Presidente, los diputados y los consejeros regionales.

Pese a que tanto en el Registro Civil como en el propio Servel las experiencias no han sido siempre felices, la inevitable digitalización de los procesos en todos los ámbitos de la vida nacional, obliga a establecer mejores mecanismos de sufragio y de recuento.

No es lo único que hay que corregir.

Pese al tiempo que algunas leyes demoran en el Congreso, muchas muestran errores e insuficiencias imperdonables.

Solo dos ejemplos:

1.-. Se vuelve a plantear la idea de revisar la duración del período presidencial. El Presidente Aylwin estuvo cuatro años en La Moneda; Frei y Lagos tuvieron períodos de seis años y Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, solo cuatro. ¿De qué seriedad nos hablan?

2.- Surgen ahora los arrepentidos de haber aprobado el voto voluntario y la inscripción automática.

De nuevo cabe preguntarse acerca de la calidad del debate. Da, más bien, la impresión de que nuestros bien pagados legisladores, que cuentan además con un asesoramiento de lujo de parte de la Biblioteca del Congreso, siguen prefiriendo la “tincada” antes que el análisis profundo.

Hay más ejemplos.

Con indeseable frecuencia se producen errores de redacción. También se registran impresentables ejemplos de pobreza idiomática. Pero, sobre todo, tenemos más de un caso en que se ha debido enmendar textos aprobados, promulgados y en vigencia. Parece que siempre se legislara a la carrera, esperando la hora de salir corriendo de la “pega”.

Y, lamentablemente, hay proyectos que se eternizan en el Congreso. Lo más reciente es la increíble tramitación del proyecto de reforma del binominal. Hay parlamentarios que todavía no se ponen de acuerdo en su eliminación.

Dos proyectos de “tránsito lento”, como diría Diana Bolocco, son dos que nos preocupan profesionalmente: el Estatuto del Periodista y la nueva ley de colegios profesionales que instaura la obligatoriedad de los tribunales éticos.

Se les trata de revivir de tiempo en tiempo, pero siempre quedan rezagados, postergados por otras urgencias.

La nueva forma de gobernar (y de legislar) sigue pendiente.

Abraham Santibáñez