Editorial:

El realismo de quien va a triunfar.

Santiago, 3 de Noviembre de 2013

El 11 de marzo próximo, tras su juramento en Valparaíso, Michelle Bachelet volverá a La Moneda.

Las últimas encuestas apuntan a un éxito en primera vuelta, este 17 de noviembre. Pero, si no fuere así, no hay dudas de que triunfará definitivamente en el balotaje de diciembre

Desde que empezó la campaña –desde mucho antes, en realidad- la candidata de la Nueva Mayoría ha sido atacada implacablemente desde el extremo anarquismo y la extrema derecha. Roxana Miranda ha insistido una y otra vez en descalificar a quienes la apoyan como “La Nueva Pillería”, chiste propio del anonimato de las redes sociales. En un plano aparentemente muy diferente, el comentarista Gonzalo Rojas habló ex cathedra como ya no lo hace ni siquiera el Papa: “Ha llegado el momento de decirlo: quien vote por Bachelet simplemente ha renunciado a su impronta cristiana, a su proyecto de vida cristiana, a su destino cristiano”.

Hay más, por supuesto, pero nada, hasta aquí ha afectado fundamentalmente a la ex (y futura) Presidenta. Difícilmente podrían tener éxito otros argumentos, aunque fueran más racionales, en las dos semanas que quedan de campaña.

Michelle Bachelet no es incombustible. Es un ser humano que, como todos, ha tenido vacilaciones y ha cometido errores, Pero tiene un innegable carisma que la hace querible y una racionalidad que pocos ponen en duda.

Es posible que no logre cumplir su programa por completo.

Ya sabemos –pese a que en el fragor de estos días casi no se habla de ello- que sin un apoyo mayoritario en el Congreso habrá proyectos que no se podrán concretar. Ello explica su énfasis en ganar en primera vuelta pero, sobre todo, lograr una contundente mayoría en ambas cámaras.

También permite entender el realismo de Ernesto Ottone (“Es el programa de alguien que va a gobernar”) y de Genero Arriagada quien hace ver que los críticos quisieran “un corsé de hierro”:

No comparto esa opinión, agregó consultado por El Mercurio. Un programa presidencial debe tener una dosis razonable de ambigüedad y eso no solo lo hace más creíble, sino que respeta la función de la política y el rol del estadista, que eso es lo que debe ser el presidente de la República”.

Abraham Santibáñez