Editorial:

Los responsables de la “odiosidad” no son los medios

Santiago, 25 de agosto de 2013

El día del estreno, el 14 de agosto, el programa “Chile, las imágenes prohibidas” de Chilevisión obtuvo un rating impresionante: 23 puntos, por encima de Canal 13 (6 puntos), TVN (12) Megas (9) y La Red (3). También obtuvo, tras la segunda presentación, otro record: 116 denuncias ante el Consejo Nacional de Televisión.

Alrededor de 70 reclamos, según se informó, se deben a que se muestra "una visión sesgada de la historia" y 45 se basan en que el programa, supuestamente, provocaría odiosidad y dividiría al país.

Pero ¿qué es lo que provoca odiosidad y divide al país? Esta parece ser una nueva versión de la vieja pregunta: ¿qué fue primero: el huevo o la gallina?

En este caso, parece absurdo siquiera preguntarse si el daño se produce porque se recuerdan las violaciones a los derechos humanos o porque ellas hayan ocurrido y fueron silenciadas por cuatro décadas.

El argumento, según el presidente de la Fundación 11 de Septiembre, Juan González, es que programas como el de Chilevisión nunca llamarán a la reconciliación.

"Es triste cómo desprestigian y cómo fomentan el odio contra el cuerpo de Carabineros, ahí ponen cómo actúa Carabineros y muestran las protestas que había y todo pero nunca dicen por qué se produjeron todos estos hechos", manifestó. "Esto es llamar (al) odio, a crear el odio pero en una forma tremenda y junto con el odio, la venganza".

La maciza respuesta de la audiencia demuestra que el tema es otro: loa chilenos, en especial las nuevas generaciones, tienen derecho a saber y quieren lograrlo. Los mayores tienen, además, el derecho de preguntarse por qué debimos sufrir tan largo silencio obligado, tanta información falsa o negada. Tanto crimen sin castigo.

La reconciliación no puede construirse sobre la negación, el supuesto derecho de unos de imponer el silencio al resto. En esta tarea del reencuentro con la verdad, hay, además, una realidad: los que más sabían, por tener autoridad o por haber llegado a tenerla, no pueden escudarse en su supuesta ignorancia.

Con imperfecciones -precisamente por la falta de colaboración de las Fuerzas Armadas- el Informe Rettig y otros documentos similares, expusieron los datos fundamentales a partir del comienzo de los años 90. El cerrado rechazo que entonces encabezó Pinochet, todavía comandante en jefe del Ejército, es lo que verdaderamente incubó el ánimo de odiosidad que ahora tan livianamente se esgrime como argumento para seguir callando.

Abraham Santibáñez