Editorial:

Una Derecha sin altura de miras

Santiago, 28 de Julio de 2013

Cuando, en los años 80, se inició el magno esfuerzo de reconquistar la democracia sin violencia (el Acuerdo Nacional), mucho imaginamos lo mejor. Pese al rechazo del dictador (“Demos vuelta la página” le dijo sin apelación al Cardenal Fresno), cabía pensar en un futuro mejor con una clase política capaz de superar las divisiones del pasado.

En los años siguientes, un sector (la “nueva Mayoría” de hoy), sacrificó sus legítimas divergencias a favor del proyecto común. Pese a algunas voces agoreras (que hasta hoy insisten en sus peores pronósticos), gran parte de los líderes políticos y sus seguidores han sido capaces de salvaguardar las bases de una positiva convivencia.

No ocurre lo mismo en las bancadas de la Derecha. Profitaron del favor del dictador mientras les pareció conveniente y adecuado. Más tarde no fueron capaces de mantener una convivencia mínima. En el último cuarto de siglo no solo se han descalificado sin piedad. También se han atacado sin piedad, abusando permanentemente de los golpes bajos.

La grabación de lo que se bautizó como el Piñeragate o la acusación acerca del consumo y tráfico de drogas en el Congreso (donde participó y fue condenado el ex ministro Francisco Javier Cuadra), son pruebas de un resentimiento profundo.

La ambición desmedida, su reiterada acusación contra la Concertación, ha terminado por generar el triste espectáculo de estos días. Un candidato cayó por acusaciones de conductas de dudosa legalidad, ciertamente al margen de la ética. La salud de otro se resintió gravemente por este permanente clima de desconfianza y, al parecer, el carrusel todavía no termina de girar.

Después de la experiencia de los últimos años, es claro que Chile no necesita ni quiere otro gobierno de Derecha. Pero sí requiere políticos capaces de competir limpia y transparentemente.

Abraham Santibáñez