Editorial:

La mala estrategia de Evo Morales.

Santiago, 24 de marzo de 2013

 

El deseo boliviano de tener una salida soberana al Pacífico es una incómoda espina para los chilenos. Más allá de cualquier simpatía eventual con el país vecino, una grande y sólida mayoría se niega a ceder parte del territorio nacional pero, no por ello, es indiferente al reiterado discurso del altiplano..

Si en algún momento se avanzó en soluciones innovadoras, la agresiva campaña de Evo Morales ha sido contraproducente. En Chile sólo ha llevado a cerrar filas en torno a lo que se considera unánimemente una posición de Estado (y no de un determinado gobierno). Generaciones de chilenos están convencidas de que la guerra se zanjó definitivamente con el Tratado de Paz y Amistad de 1904.

El Presidente Morales sostiene que es una contradicción chilena que se diga que los tratados son perfeccionables ya que antes se dijo que su validez es incuestionable. Es un argumento pobre porque niega lo fundamental: la disposición de nuestro país de hacer avances negociando de común acuerdo. No solo eso. Morales no vaciló en dar un portazo a cualquier acuerdo, convencido de que negociar es “perder el tiempo”.

Para los chilenos, este camino es chocante y sorprendente. Pero es necesario entender lo que hay detrás: Evo Morales se ha mantenido en el poder por siete años y debería completar diez. Elegido por primera vez en diciembre de 2005, fue reelegido en 2009. Aunque Víctor Paz Estenssoro fue Presidente por un tiempo mayor, ello ocurrió en tres períodos diferentes. Los 88 (85, según algunas fuentes) jefes de Estado bolivianos han durado en promedio 2,2 años, bastante menos que el record de Morales.

Adicionalmente, su gran capital es su amplia base popular y el hecho de ser el primer Presidente de origen indígena. Tampoco hay que desestimar la importancia del apoyo internacional recibido, en especial del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez. Venezuela, aparte de establecer mecanismos internacionales de colaboración, dio una cuantiosa ayuda financiera a Bolivia. Su monto exacto es un misterio.

Según El Diario, de La Paz, “la ayuda que hizo el fallecido Hugo Chávez tuvo dos características. La una que tiene carácter estatal y la otra que fue directa al presidente Evo Morales. En relación con la primera, el Ministro de Hacienda aseguró que Bolivia debe a Venezuela 166 millones de dólares y no 2 mil o 7 mil millones de dólares. Respecto a la segunda, no se tiene la menor idea de cuánto significó ni como se invirtió”.

Por ahora no se han producido cambios en esta materia. Pero es difícil que el sucesor de Chávez tenga la misma disposición respecto de Bolivia y varios países más favorecidos con los fondos del petróleo, incluyendo Cuba.

Todo esto solo puede significar más problemas para el gobierno de La Paz. De ellos, el principal y más urgente, por cierto, no es la salida al Pacífico. Eso lo sabe –o debería saberlo- el Presidente Morales.

 

Abraham Santibáñez