Editorial:

La Haya: buen momento, pero insuficiente

Santiago, 16 de diciembre de 2012

Por unos días, la esquizofrénica división de Chile en dos mitades que no se conectan, dio paso a una realidad diferente y positiva. Los alegatos a propósito de la demanda peruana respecto del límite fronterizo, supuestamente inexistente, generaron un positivo espíritu de unidad. No hubo descalificaciones entre gobierno y oposición. No hubo reclamos por eventuales errores o falta de prolijidad en los argumentos ni se les echó la culpa de ellos a los del “otro bando”.

Los medios desplegaron sus mejores esfuerzos por informar y explicar. La televisión por cable hizo un aporte que ha sido unánimemente reconocido, igual que la radio y la prensa.

Se temían reacciones negativas frente a la comunidad peruana, pero no las hubo. Tampoco despliegues chovinistas. Es la proyección de una actitud compartida por los representantes en La Haya, los enviados especiales y, por cierto por las autoridades de gobierno y los líderes del Congreso. Hay que reconocer que quien mejor impuso esta línea de moderación fue el agente chileno, Alberto Van Claveren y el resto del equipo. De sus dichos en la Corte y fuera de ella, el más significativo sin duda fue su afirmación de que “la posición de Chile ha sido invariable, consistente y de buena fe”.

Se podría plantear alguna inquietud por un cierto triunfalismo que cerró la etapa de La Haya. Aunque la impresión dominante es positiva, puede ser contraproducente celebrar una victoria que todavía no se produce.

En lamentable contraste con este tono positivo, es necesario recalcar que, aunque menos estridentes, las diferencias no han desaparecido.

La ministra Matthei retomó su estilo más beligerante a propósito de las críticas opositoras al proyecto de Agrosúper en Freirina. Ella no reparó en que la actitud del actual gobierno ha sido contradictoria y desconcertante: al principio se intentó aplacar ferozmente las protestas de los vecinos. Después el ministro de Salud les dio la razón y decretó el cierre de la planta en plazo perentorio. Pero ahora se ha visto que nada era definitivo y, por lo tanto, los vecinos –y con ellos el resto del país- pueden legítimamente sentirse engañados.

Si a ello se suma el casi de la termoeléctrica de Punta Alcalde, se comprende que los habitantes de Atacama se sientan agredidos por las autoridades que no parecen considerar su derecho a un ambiente no contaminado.

Y hay más tropiezos, negligencias y desprolijidades. Lo más serio, en este momento, son las secuelas del escándalo de las acreditaciones.

El buen desempeño en Holanda no compensa el impacto de estos errores en nuestra vida en Chile.

Abraham Santibáñez