Editorial:

Tropezando con la misma piedra

Santiago, 04 de Noviemnre de 2012

No se han conocido hasta el momento fotos de la sesión de buceo del Presidente Piñera en Isla de Pascua. Hay, sí, una que se convirtió en la favorita de los medios en que se le ve frente al Pacífico. Fue al momento de dar a conocer su más íntimo sentimiento, evidentemente reforzado por los (malos) resultados de la elección municipal: "en esta isla maravillosa no se escucha ese ruido infernal que a veces es la política chilena".

Lejos de ese “infernal ruido”, que no es el “mundanal ruido” del cual huía fray Luis de León, el Presidente dijo que estaba reflexionando sobre los cambios del gabinete y el futuro de su gobierno.

Su espacio de reflexión es limitado: todos los comentarios dados a conocer después de la jornada electoral coinciden en que el gobierno ya inició su etapa final. Más aún: algunos creen que ya terminó. Buena parte de las conclusiones de los dirigentes políticos oficialistas apuntan en ese sentido. Los ministros “presidenciales”, por su parte, no tuvieron pudo para rompieron amarras:

  • Hace seis meses en este mismo diario anticipé que en las futuras campañas debíamos acentuar los contenidos y no apostar a la simple popularidad”. (Allamand).
  • De cara a la ciudadanía, (hay que) escuchar, entender sus frustraciones y definir un programa de gobierno que refleje sus reales necesidades y aspiraciones para el futuro, que sea coherente con nuestros valores y principios”. (Golborne).

Como es de rigor, no faltó, eso sí, el llamado de ambos pre-pre.candidatos a la lealtad con el gobierno y a batallar por la unidad de la Alianza. Es que no cabe duda de que por cojo que esté el pato de La Moneda, no es de buen gusto morder la mano que los ha alimentado políticamente. Pero ello no va a durar para siempre. Aunque no lo digan así Allamand y Golborne, en el análisis político se instaló la certeza de que la causa de la mala percepción del gobierno y de los resultados es la personalidad de Piñera. Su confusión entre los negocios y la política parece destinada a quedar atrás, pero no en favor de la “infernal” política, sino del emprendimiento infatigable, el mismo que le dio tan excelentes resultados por décadas.

Sólo la obstinación de que nunca hay que flaquear ante la adversidad, obliga al Presidente a seguir batallando. No cabe duda de que podría enrielar mejor las cosas y completar la tarea logrando que se valore lo realizado. Podría ganar mucho si se entusiasmara por haber hecho lo que la Concertación no hizo (aunque haya sido fundamentalmente por la oposición de la derecha).

Para ello no basta, sin embargo, con su propia decisión (lo que no está garantizado). Necesita, sobre todo el apoyo leal de su equipo. Un apoyo que no debería insistir majaderamente en que lo han estado haciendo mejor que “en los veinte años” de la Concertación. Tampoco le sirve la soberbia de Golborne que está seguro de derrotar a Michelle Bachelet.

Fueron malos errores de cálculo los que produjeron la debacle oficialista del 28 de octubre. Nada garantiza ahora que las lecciones hayan sido aprendidas.

 

Abraham Santibáñez