Editorial:

El contagioso estilo presidencial

Santiago, 7 de Octubre de 2012

A más de dos años y medio de su instalación en La Moneda, el gobierno del Presidente Piñera se sigue enredando –y cada vez más- por inexplicables torpezas de su entorno. La semana pasada se acumularon los tropiezos. Lo primero fue la anulación de la licitación internacional por el litio, lo que costó de inmediato el puesto al subsecretario de Minería. Lo último fue la salida del Jefe de Estudios del Ministerio del Interior, el ex fiscal Alejandro Peña. La causa fue la denuncia de Ciper por el pago de sobreprecios en la adquisición de equipos para la lucha antidrogas.

El permanente conflicto con Bolivia se agravó debido al posible uso unilateral de las aguas del río Silala en desmedro de los intereses chilenos. El debate acerca de los ministros con aspiraciones presidencial se enrareció con el “reproche” de la Contraloría a Laurence Golborne. No ayudó que él mismo, livianamente, le restara importancia. Consecuentemente, en radio Bío-Bío se preguntaron si no tendría problemas de comprensión de lectura. Distinta fue la situación creada por el enojo de la ministra del Trabajo ante el poco interés de los diputados a escucharla en una comisión a la cual había sido convocada. Ninguna deferencia que provocó una fuerte réplica suya, sólo justificable como ella señaló en que “le bajó la indiada”.

No terminó ahí la seguidilla. Sin mucho bombo, la encuesta Adimark de septiembre mostró que la ventaja de las últimas versiones, era efímera. El Presidente volvió al nivel del 34 por ciento de aprobación. Es decir, solo uno de cada tres chilenos está contento con su gestión.

Como consecuencia, en los últimos días, los comentaristas no escatimaron observaciones críticas.

Lo escribió en La Tercera el rector de la UDD, Andrés Benítez:

Es evidente que todo sería más fácil si el Presidente aceptara cambiar su estilo de gobernar. Que deje de estar en todas, de exponerse tanto, porque es ahí donde se reflejan sus debilidades -es impulsivo, se equivoca demasiado, es poco empático-, lo que a la gente no le gusta”.

Lo subrayó en El Mercurio otro rector, Carlos Peña:

Como si estuviera inspirado por la personalidad del Presidente, algunos funcionarios se comportan como si gobernar consistiera en andar con la vista fija en el siguiente objetivo, sin detenerse a mirar por dónde, o cómo, caminan”.

Pocos, sin embargo, han sido tan drásticos como Hermógenes Pérez de Arce. El ex comentarista de El Mercurio escribió:

Yo pienso que esto deriva no sólo de la falta de empatía del gobernante y de que se le nota demasiado que está completamente ensimismado y no se cansa de aparecer en todas partes, inaugurando cualquier cosa, besando niños y ancianas, hablándonos por ‘cadena voluntaria’ de TV de las cosas buenas que hace y posando en variados lugares del planeta acompañado de otros jefes de Estado y con la indisimulable certeza de que todos los medios locales (y ninguno internacional) reproducirán esas imágenes, porque eso lo tiene conversado desde un principio. No, el rechazo deriva también de otro factor fundamental: de la ingobernabilidad y la falta de autoridad ambiente.

En el país el Gobierno no manda: cede y paga ante cualquier conflicto. Hay zonas del sur donde no se puede transitar de noche por la ruta longitudinal, porque están en manos de grupos alzados contra el Estado chileno, que controlan partes de nuestro territorio”.

Es una difícil coyuntura, sin duda. Y el único que puede corregir el rumbo es, naturalmente, el propio Presidente. Siempre que se empeñe en ello.

Abraham Santibáñez