Editorial:

Cuentas demasiado alegres

Santiago, 09 de Septiembre de 2012

La historia de la encuesta Casen 2012 es la historia de un debate estéril, donde puede haber habido errores por lado y lado, pero cuya principal responsabilidad recae en el gobierno. El obsesivo deseo de celebrar una conquista –que no es exclusivo de la Presidencia actual: recordemos el día en que la Concertación celebró con bombos y platillos la repavimentación de la Alameda- desató una dura crítica de la oposición. Y, como palabras sacan palabras, mientras se celebraba una eventual aunque magra disminución de la pobreza en Chile, desde la otra esquina se criticaba la cifra y la falta de antecedentes, en especial el desconocido margen de error.

En un dramático llamado al realismo y la responsabilidad, Benito Baranda, presidente de América Solidaria consideró que ambas coaliciones han actuado pésimo por la forma en que han usado la encuesta, tanto para cuestionar o defender los resultados. En síntesis, llamó a acordarse de lo fundamental: los cientos de miles de chilenos que viven en la pobreza o la indigencia.

Por desgracia, la permanente tentación del régimen de echar a volar las campanas cada vez que anota un avance, invita a estos improductivos debates. En poco más de dos años de gobierno, es difícil lograr avances significativos en temas como la pobreza, el transantiago, el abandono de las regiones o el desempleo. Menos en gigantescos problemas como la educación. Sin embargo, desde hace unos meses, La Monedas nos bombardea con una lluvia de cifras y ditirambos.

El hecho que este año haya habido menos emergencias y pre-emergencias ambientales en Santiago ya empieza a plantearse como el fin definitivo de la contaminación ambiental. Lo mismo ocurre con el número de accidentes del tránsito, disminución atribuida casi exclusivamente a la tolerancia cero en materia de alcohol. Está pendiente todavía –aunque podemos sospechar que no por mucho tiempo- anuncios parecidos acerca de los resultados de las prohibiciones anti-tabaco o anti-comida chatarra.

Podemos suponer que estas políticas, pese a su drasticidad, algún efecto positivo pueden tener. Pero incomoda que, prácticamente de un día para otro, se exhiban como panaceas que nadie antes fue capaz de imaginar.

Antes de sacar cuentas tan alegres, una elemental prudencia aconseja esperar períodos más largos y, muy especialmente, no descuidar el margen de error.

Abraham Santibáñez