Editorial:

Cantando Victoria.

Santiago, 26 de Agosto de 2012

La compulsiva personalidad del Presidente Piñera parece haber contagiado a sus colaboradores. Lo demuestra una serie de victorias anunciadas antes de tiempo: la encuesta Casen acerca de las mediciones de pobreza (un grupo de 30 importantes economistas, todos con doctorados en universidades extranjeras, ha solicitado al ministro Lavín, que responda diversas preguntas técnicas sobre los resultados de la encuesta Casen y explique la metodología usada); la información del fin de las listas de espera Auge y los periódicos anuncios acerca de la disminución de las víctimas de accidentes del tránsito gracias a la ley de tolerancia cero. Lo último fue su broma –según dijo Golborne, que tiene razón para pensar así- que el próximo Presidente será Andrés Allamand.

Los ministros, especialmente Jaime Mañalich y Joaquín Lavín, son los abanderados del triunfalismo anticipatorio. Pero, además, es necesario tener en cuenta la publicidad estatal dirigida a potencias estas eventuales realizaciones. (Según El Mostrador, “el monto total de la campaña de las listas de espera fue de 19.079,62 Unidades de Fomento, lo cual corresponde a 430.000.000 de pesos. A dicho monto habría que sumar el costo de Chile Cumple, que incluyó diversa publicidad asociada a las listas de espera”).

Y está, por cierto, la polémica acerca de la calidad de los 700 mil nuevos empleos: “Más de dos tercios de los empleos creados son empleos que tienen contratos de trabajo, que tiene previsión social, que tienen acceso a los sistemas de salud y que están incorporados a los sistemas de desempleo, o sea no son empleos simplemente tipo PEM y POHJ, precarios”, aseguró el propio Presidente, generando nuevas polémicas.

Lamentablemente, hay ocasiones en que el tiro sale por la culata. Ocurrió con la encuesta del CEP: se filtró en Palacio que los resultados respecto de la imagen presidencial eran espectaculares. Parecía la culminación perfecta de la campaña en terreno y en medios para mejorar las cifras de aprobación.

Pero, como ya sabemos, los frutos fueron decepcionantes.

Hay algo que sorprende en esta fijación por mejorar en las encuestas, incluso cuando, lentamente, empiezan a verse resultados positivos. Y no son pocos como se aprecia por los comentarios desde el extranjero de organizaciones técnicas y gobernantes.

Pero, claro, dentro de La Moneda pasa una procesión nada grata, fácilmente personificable en las robustas calificaciones de Michelle Bachelet. Ante ella se contrapone porfiadamente la mala imagen de quien quiere ser querido y no lo logra, de quien reparte observaciones ingeniosas sin que sean vistas como tales, de alguien que, en definitiva, no despierta simpatías y coloca siempre su mirada anhelante en dicha popularidad.

Abraham Santibáñez