Editorial:

Controlando al Jefe

Santiago, 12 de agosto de 2012

Según un análisis periodístico, en La Moneda hay satisfacción porque la imagen del Presidente Piñera se estabilizó en las encuestas y empieza a mostrar alguna mejoría.

Ello se debería, al parecer, a un nuevo diseño de la estrategia comunicacional y, sobre todo, a que en el último tiempo Piñera ha acatado las instrucciones de sus asesores.

Según El Mercurio, “entre las precisiones efectuadas al diseño comunicacional se encuentra que el Jefe de Estado no se enfrente, de manera directa, con la oposición. En esta perspectiva, a Piñera le cabe el rol de llamar al diálogo constructivo Gobierno-Concertación, según comentan en Palacio”.

Igualmente, según el mismo comentario, se aconsejó al gobernante que “se mantenga alejado de la contingencia y, en su reemplazo, se aboque a hacer mención a políticas públicas exitosas y pautas sectoriales. No obstante, la estrategia de La Moneda considera que, de ser necesario, Piñera aluda a temas coyunturales, pero sólo a través de mensajes incorporados en sus discursos”.

También se pretende reducir al mínimo las improvisaciones y algunas poco oportunas salidas de libreto.

No es la primera vez que se busca lograr una proyección de la imagen presidencial más cercana a la tradición y con menos espontaneidad y, obviamente, menos “piñericosas”. Hasta ahora, todos los intentos anteriores habían fracasado por la compulsión del Presidente a opinar de inmediato en circunstancias que merecerían mayor cuidado y a confundir nombres y datos como consecuencia de su mismo apresuramiento. En perspectiva, pudiera creerse que el primer gesto visible de esta política fue la brusca interrupción de la entrevista con un periodista de la BBC mientras el Jefe de Estado estaba en Brasil.

Es sintomático que después de ese bochorno, no se hayan producido reacciones visibles en La Moneda respecto a la actuación de su asesora internacional.

Habrá que ver cuánto dura la disciplina presidencial... si es que dura.

Abraham Santibáñez