Editorial:

Legislar sin pensar

Santiago, 11 de Marzo de 2012

Es hora de recordar el antiguo dicho de que “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. Tras la nueva ley sobre alcohol y conductores hay un derroche de buenas intenciones. El ministro del Interior, con esa facilidad que tiene para la exageración, sostiene que manejar con una copa de alcohol en el cuerpo lo convierte a uno en criminal. La palabra clave es “tolerancia cero”, la misma que hasta ahora no dio resultados en la lucha contra la delincuencia. Menos mal que nadie usó la imagen de la puerta giratoria.

Aprobada por moros y cristianos, al parecer sin discusión ni reflexión, a la ley le llueven ahora algunas consideraciones básicas que bien pudieron hacerse antes. Se sostiene que Jesús no habría podido manejar después de la última cena... pero no se dice nada de los sacerdotes que comulgan con pan y vino en la misa. Se asegura que se mejorará el transporte público aunque no hay certeza que los radiotaxis puedan absorber una desmesurada mayor demanda. Nadie recuerda que muchos muertos en Fiestas Patrias, por ejemplo, fueron atropellados por ir a pie en caminos y calles. Es de temer, incluso, que conductores perfectamente sobrios –sin siquiera probar un chocolate con ron- pueden tropezarse con un “curadito” en la oscuridad de la vía pública. O pueden sufrir las fatales consecuencias de viajar en buses manejados por choferes sobrios, pero recargados de trabajo.

Nuestra sociedad necesita enfrentar de manera decidida los accidentes del tránsito. Pero ello requiere estudio y reflexión, no una ley que nadie sabe bien cómo se discutió. Por ahora, hay efectivos policiales que han salido con encomiable entusiasmo a fiscalizar. Dos preguntas son inevitables: ¿Qué pasa, entretanto, con el control de la delincuencia? y ¿Se mantendrá el mismo entusiasmo en el resto del año?

Y aquí no se acaban las buenas intenciones: ahora no solo los fumadores están amenazados. También quienes quieran ingerir grasas y calorías con excesivo entusiasmo.

La tolerancia cero puede ser un buen eslogan, pero claramente es una estupidez. La vida sana es una aspiración, pero no se logra por imposición.

Abraham Santibáñez