Editorial:

Los datos del Presidente

Santiago, 25 de Septiembre de 2011

Desde Boston, en breve escala nostálgica en la ciudad en que vivió y estudió, el Presidente Piñera entregó un mensaje inequívoco. A un estudiante chileno que le preguntó por el bajo porcentaje de apoyo según las encuestas, replicó categórico: “Sus datos, dijo en inglés, no están actualizados”.

Hubo risas, (cómplices, tal vez; no se sabe bien), pero se han multiplicado los indicios de que la popularidad del Jefe de Estado estaría remontando, Es, según parece, el efecto de la forma cómo se manejó la Operación Loreto, en Juan Fernández. Aunque no sobrevivió ningún pasajero o tripulante del Casa 212, se aprecia positivamente el desempeño oficial. Ya ocurrió algo parecido con otro trabajo con nombre de santo: la operación San Lorenzo, que permitió rescatar a los 33 mineros de Atacama.

Esa vez, el efecto no perduró en el tiempo, salvo la buena imagen del ministro Golborne. Hoy, el más beneficiado es sin duda el ministro Allamand e, indirectamente, el Presidente.

Parece presuntuoso sostener que ya pasó el estallido de malestar de los últimos meses. La crisis desatada por las movilizaciones estudiantiles no ha sido superada. Al contrario, el país ha sido testigo de vacilaciones, descoordinaciones, pasos adelante que luego de anulan desde el más alto nivel. Y en un plano más local, la actitud del alcalde de Providencia con los estudiantes no ha facilitado las cosas.

El sábado, cuando se suspendió la reunión de la Confech en Coquimbo (por el apagón generalizado en gran parte del país), era posible esperar una apertura al diálogo: que los universitarios retornaran a clases en “horarios protegidos” a fin de salvar el año sin abandonar la movilización.

El apagón lo impidió (podría lograrse un acuerdo este martes), pero dejó al descubierto otras debilidades que no parecen propias de “la nueva forma de gobernar” que se prometió: falló el sistema interconectado, pero también fallaron los mecanismos que debían asegurar una rápida recuperación. También falló en gran medida, la comunicación ciudadana, destinada a garantizar la transmisión de mensajes de texto en una emergencia.

Y lo peor, sin duda para una administración que reitera su control de la seguridad pública, fue el inmediato saqueo de un supermercado en Quilicura. La paralización del Metro no es culpa del gobierno y hay que aplaudir la pronta reacción del ministro Errázuriz al hacerse cargo de la situación, pero es obvio que miles de santiaguinos no quedaron contentos esa noche.

Confiemos en que al día siguiente el Presidente haya hecho caso de su consejo al joven chileno que lo interpeló en Boston. Debería reactualizar los datos acerca de su popularidad.

Abraham Santibáñez