Editorial:

Ingenuidad grave

Santiago, 11 de Enero de 2009

Hay quienes creen –y dan buenas razones- que es legítimo sospechar de lo que hay detrás de la irrupción de la diputada Karla Rubilar en el tema de los “falsos” detenidos-desaparecidos. Pero es posible que sea pura ingenuidad. Y eso también es grave.

No es la primera vez. Ya le ocurrió a su ex colega, Pía Guzmán. Recordemos que ella empujó por largo tiempo en la dirección equivocada, las investigaciones del Caso Spiniak.

Habla mal de la “clase política”, que ya ha dado reiteradas muestras de sus debilidades, que dos parlamentarias hayan hecho gravísimas denuncias sin base. La diputada Rubilar argumentó que su obligación es entregar toda denuncia que reciba.

¿Toda denuncia? ¿Siempre, aunque sea sobre la presencia de extraterrestres en la Plaza de Armas o de una grave enfermedad no revelada del Papa o de Obama?

En general, a los adultos se les exige una dosis de criterio y un mínimo de reflexión antes que griten que viene el lobo. Se supone que las autoridades deben ser más cuidadosas todavía. Los integrantes de la Cámara de Diputados, que tiene constitucionalmente un rol fiscalizador, deberían ser aun más cuidadosos. Pero no lo son. El resultado, como se ha visto, es, inevitablemente, un desastre en que se ven afectados los propios denunciantes, todos sus colegas sin excepción y personas inocentes..

Llenar” los cupos para las elecciones parlamentarias no es tarea simple. No se trata solo de distribuir cuotas y electores como quien hace las compras en la feria libre. Es, sobre todo, un ejercicio de responsabilidad cívica.

Alguien no estuvo a la altura de la tarea en estos dos casos. Y es evidente que puede haber otros, menos notorios, pero igualmente graves.

No basta, pues, con que Karla Rubilar sufra las consecuencias de su error.

Abraham Santibáñez