Editorial:

Ética; Preocupación Actual

Santiago, 19 de octubre de 2008

La entrega del premio Embotelladora Andina Coca-Cola a María José Lecaros; la presentación del libro Caso Spiniak, de Gustavo González y un equipo de la Escuela de Periodismo de la U. de Chile; la realización este martes de un seminario sobre ética Periodística en el siglo XXI, organizado por el Colegio de Periodistas y la Universidad Diego Portales y otros eventos parecidos, confirman una reiterada preocupación por la ética de la información.

Ya lo planteó en septiembre el cardenal arzobispo de Santiago, en una alusión en el Te Deum.

No parece haber en la actualidad preocupación más seria, no solo en Chile, que el debate sobre el cumplimiento de algunas normas básica de la ética profesional.

Es un buen síntoma. Significa que se reconoce la importancia del papel que desempeñan los periodistas y los medios en una sociedad democrática. Y se exige cada vez más que en esa tarea no se incurra en falsedades, engaños ni, sobre todo, se lesione la dignidad de las personas.

El Caso Spiniak es un buen ejemplo de cómo el periodismo debe ser más crítico con las informaciones que recibe, menos confiado en sus fuentes y, sobre todo, preocupado por el efecto que producen las informaciones sin suficiente corroboración. Y en esto no hay justificación posible, ni siquiera cuando se trata de autores de delitos o conductas condenables. Ningún ser humano –ni Claudio Spiniak ni Zakarach- pueden ser tratados como monstruos. Deben responder por sus delitos, pero nunca se les puede condenar por anticipado ni, menos inventar falsedades, como el titular de un diario que proclamó a todo el país que Spiniak padecía de SIDA.

Estos descuidos no deben ocurrir. Y es positivo que más y más personas los consideren como debilidades del periodismo y no como sus aportes.

Abraham Santibáñez