Editorial:

Consolidar el rumbo, no cambiarlo

Santiago, 15 de Diciembre de 2002

Nuestra crónica incapacidad como chilenos para el debate en serio salió nuevamente a la luz después del anuncio de la firma del acuerdo del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Aunque sus verdaderos frutos se verán a plazos medianos y largos, un recalcitrante sector ha tratado de minimizar su importancia con muestras de dudoso ingenio: "TLC, igual Tapemos Las Coimas", como si solo se tratara de una maniobra de corto plazo.

De este modo se pretende desconocer, brutalmente, una laboriosa década de negociaciones. Pero, sobre todo se pone de manifiesto una vez más, la mayor dificultad del debate político: la pertinacia de un sector que nunca ha creído realmente en la democracia y que está seguro que en dictadura estábamos mejor.

Es necesario insistir en lo esencial: probablemente parecía que estábamos mejor porque los medios no eran capaces de informar y los esfuerzos por romper las trabas y las mordazas eran reprimidos sin contemplaciones.

Lo que realmente debería molestar a algunos de estos recalcitrantes es que este acuerdo, que se suma a otros, especialmente el que se logró con la Unión Europea, le da al Presidente Lagos la oportunidad que necesitaba, de iniciar la última parte de su gobierno con un nuevo impulso, sin los lastres que marcaron hasta ahora su gobierno.

La crítica despiadada de la oposición, especialmente de la UDI, cuyo presidente proclamó paladinamente que este año no iba a pasar nada, se revela ahora como una argumentación sin sustento real. Hubo un momento en que, ante la agobiadora avalancha de denuncias, se pudo temer serias consecuencias, no sólo para la actual administración sino para el sistema democrático mismo, pero -como hemos proclamado reiteradamente- el resultado final debe ser positivo. La prensa, a pesar de todas sus debilidades y limitaciones, ha cumplido su papel. Y la opinión pública está esperando un golpe de timón, no solo de gabinete, que consolide el rumbo y a la Coalición de gobierno.

Ahora parece más claro que nunca que la visión del Presidente, fijada en los grandes hitos, es razonable... pero que peligró por haber confiado en exceso en mandos medios sin cultura cívica ni verdadera vocación de servicio.

Abraham Santibáñez

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