Editorial:

Tentaciones peligrosas

Santiago, 28 de Julio de 2002

Hay que repetir lo que dijo, no hace mucho, el periodista español José Miguel Aguilar: todos tenemos vocación de periodistas. Pero, agregó, quienes la tienen con más fuerza son los políticos, en especial en cuando tienen cierta posición de poder.

No se explica de otro modo que a la permanente tentación de La Moneda de manejar a los reporteros acreditados, se haya sumado ahora el que debería ser el principal bastión de la libertad de prensa y expresión: el Congreso Nacional. En realidad, si se recuerda lo que pasó con la tramitación de la Ley de Prensa no hay de qué sorprenderse: los señores parlamentarios no han dado muchas muestras –en conjunto- de su fe libertaria. Podría esperarse una actitud recelosa de parte de quienes apoyaron la dictadura, pero es incomprensible que hagan lo mismo vastos sectores concertacionistas. El episodio reciente, en el cual se fijan normas abusivas –plazos absurdos, por ejemplo- para quienes quieran realizar su trabajo profesional en la Cámara de Diputados, es sólo la continuación de una política hasta ahora barnizada de buenas palabras, pero permanentemente a la defensiva.

Dos ideas deberían primar aquí.

La primera, corresponde al viejo dicho que se usaba hace medio siglo y que no ha perdido vigencia pese a los muchos cambios ocurridos desde entonces: “Quien quiera ser bataclana, debe aguantar que la pellizquen...”. No es posible ejercer la función pública sin sufrir algún menoscabo, ya sea en la vida personal o en la tranquilidad que cualquier persona cree merecer.

La segunda idea, directamente relacionada con el periodismo, se resume en el pensamiento de Thomas Jefferson: “Preferiría una nación sin gobierno a una nación sin prensa libre”. Sabemos que la prensa se equivoca, que a menudo es injusta, que hay intereses detrás de los principales consorcios chilenos, pero nada de ello justifica el castigo a quienes hacen esfuerzos honestos por informar y orientar a la opinión pública. Entendiendo la suya como una función de servicio.

No recuperaremos la imagen tradicional de Chile como un país democrático y libertario, mientras pequeñas consideraciones se conviertan en la norma. No tenemos derecho a protestar por los defectos e insuficiencias de la prensa mientras no seamos capaces de asegurar su plena libertad y estemos dispuestos –como sociedad- a correr los riesgos que ello implica.

Abraham Santibáñez

Volver al índice