Editorial:

La lección de Julio César

Santiago, 08 de Febrero de 2015

La obligación de la mujer del César de ser honesta, sino también parecerlo, abarca, por lo menos, a todo el ámbito familiar del gobernante. En el caso que dio origen a la expresión, Pompeya no engañaba a Julio César, pero igualmente fue repudiada porque se había introducido la sospecha acerca de su conducta.

Según cuenta Plutarco, el patricio romano Publio Clodio Pulcro, enamorado de Pompeya, durante la fiesta de la Buena Diosa —celebración a la que sólo podían asistir las mujeres—, entró en la casa de César, vestido de tañedora de lira. Fue sorprendido y enjuiciado. Pero al César no le bastó: aunque le constaba que no había ocurrido nada deshonroso, optó por repudiar a su mujer.

La frase resume un duro principio ético que ha sido aceptado a lo largo del tiempo. También se entiende que no se restringe solo al o la cónyuge del gobernante sino por lo menos a su ámbito familiar inmediato.

Arrinconada por los sucesivos escándalos, la directiva de la UDI se aferró ahora a la denuncia de los negocios patrimoniales de la nuera de la Presidenta Bachelet para generar un escándalo pese a que no hay indicios de ilícitos, ni siquiera de “errores involuntarios” como dijo la senadora Von Baer. Pero habría sido preferible que personajes tan cercanos a la Presidenta hubieran cuidado mejor sus actuaciones.

El préstamo del Banco de Chile no involucra “el dinero de todos los chilenos” como son los gastos de campaña o los beneficios impositivos. Pero es cuestionable (irritante, por lo menos) si se compara con las dificultades y tramitaciones que sufren personas y empresas que requieren créditos.

Hay algo aleccionador en la historia original de Julio César y Pompeya. Tras ser descubierto, Publio Clodio Pulcro fue detenido, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio.

Sin embargo, según Cicerón, logró eludir la condena mediante el soborno del jurado.

En resumen: la única víctima fue la mujer del César.

Abraham Santibáñez