Editorial:

El exabrupto del Contralor

Santiago, 05 de Octubre de 2014

Creada en 1927, aunque con raíces mucho más antiguas, la Contraloría General de la República marca el comienzo de la modernización profunda del Estado chileno- Si misión la obliga a “velar por el cumplimiento del ordenamiento jurídico por parte de la Administración del Estado, a través de una relación colaborativa con sus organismos y con los ciudadanos, promoviendo el bien común mediante una gestión institucional eficiente en resguardo de la probidad, la transparencia y el correcto uso del patrimonio público”.

El contralor es, actualmente la novena autoridad del país- Como tal, se supone que está obligado a medir sus palabras y actuaciones. Y así ha sido tradicionalmente.

Pero esta vez, en un curso en la Universidad Católica, fue más allá de cualquier precedente, como se puede apreciar en el siguiente extracto de lo que publicó La Segunda:

* “Hay un montón de cosas inapropiadas o muy estúpidas en lo que está pasando en el último tiempo”.

* “Gran parte de eso es porque no entendemos lo que está pasando y cada vez el evangelizador puede decirme algo nuevo, entonces '¡Oye! Una nueva constitución'. Y estamos pensando todos una nueva Constitución. Después un evangelizador va a decir '¡fijemos los precios!' y '¡ya!, fijemos los precios de los planes de salud' o 'en realidad, el aporte individual a la previsión no es bueno, hagamos un aporte solidario' y '¡hagamos aportes solidarios!'. Eso significa en derecho 're-estaticemos las cosas' y cuando hago eso, disminuyo el aporte que los privados pueden hacer

. * Entre sus ejemplos de lo que califica como “leyes reaccionarias”, el contralor nombró a la que creó la Alta Dirección Pública. Dijo que no sólo surgió producto de las negociaciones para tratados de libre comercio, sino que "se produjo el caso MOP-Gate y a partir de este gran acuerdo libertario y generoso de Pablo Longueira con Ricardo Lagos, nos pusieron toda esta majamama de ordenamientos, que todavía no logramos entender".

* “Nos trajeron la Alta Dirección porque 'vamos a hacer una cosa distinta, la gente buena tiene que estar en la administración, con buenas remuneraciones, van a estar tranquilos...'. Todo es mentira, ¡todo es mentira! ¡todo! No entraron los mejores, el sistema funciona a trastabillones y no da estabilidad a las personas que llegan a las oficinas. Quien entra por concurso sigue siendo un funcionario de confianza exclusiva, lo único que se le dio, es que si se le pide la renuncia, tiene indemnización. Esa es toda su granjería”.

Hubo más, lo que provocó un gran revuelo mediático.

Inicialmente, el contralor intentó la explicación más recurrente entre políticos y autoridades sin experiencia: “Me sacaron de contexto”. Pero no convenció.

Entonces se escudó en que había hablado en una reunión privada, argumento tampoco convincente porque una clase es siempre una instancia abierta. Eventualmente podía haber pedido reserva para hablar “en confianza” pero no es seguro que ello le diera mejores resultados.

Después calló y dejó su defensa a la Derecha.

Tampoco ha logrado mucho.

El tema no es si puede o no hablar. El problema que debe resolver es complejo: ¿dónde hacerlo, cuándo, cómo?

También es tema el auditorio y, por supuesto, el lenguaje empleado.

La única razón plausible de este exabrupto es que el Contralor haya tomado nota de que empieza el período de sus despedidas y está tratando de mejorar sus expectativas futuras.

Es evidente que se equivocó rotundamente.

Abraham Santibáñez