Ecos de un gran amor.

La de Carmen y Carlos es, en primer lugar, una historia de amor.

No es pegajosa como los romances de Corín Tellado, pero es un relato que tiene una fuerza shakesperiana que le permite sobrevivir pese a la muerte trágica del protagonista masculino. Es, también, una historia de perseverancia, de una búsqueda incansable de verdad, justicia y castigo.

En días marcados por los 40 años del golpe de estado, “Ecos del Desierto”, la historia de la abogada Carmen Hertz y de su marido, Carlos Berger, irrumpió en las pantallas de Chilevisión como algo diferente. Es que, aunque todas las historias de los crímenes de la dictadura son parecidas, este episodio se convirtió en un paradigma de la crueldad y la negación de la verdad. El relato está centrado en el paso por Calama de la Caravana de la Muerte. Encabezando la narración, como en una obra clásica del teatro griego, se alza la figura de la abogada que convirtió su dolor personal en la causa de todas las víctimas.

Es, por cierto, lo mismo que ha provocado el rechazo de algunos sectores fanatizados. Pero igualmente, el masivo reconocimiento de los telespectadores la convirtió en un símbolo.

Lo señaló el director, Andrés Wood: “Lo ocurrido con la Caravana de la Muerte sobrepasa los límites de los crímenes de guerra. Afortunadamente, Carmen como otra gente, mantuvo esta causa viva a pesar de los años, y por eso me pareció que era una historia que merecía ser contada”.

No es una obra improvisada ni artesanal. Cada episodio costó 400 mil dólares, lo que explica la excelente factura, realizada fundamentalmente en el desierto de Atacama con un elenco excepcional. No se hacen concesiones: por encima de la historia romántica de la abogada y del periodista y su hijo, se muestran sus convicciones revolucionarias, retratadas en la versión de canción de cuna de la Internacional que canta la protagonista a su hijo y que difícilmente pudo ser inventada.

La dura transición sufrida por la protagonista (interpretada en 1973 por la actriz María Gracia Omegna y en la actualidad por Aline Kuppenheim) tras la detención de su marido (en versión del actor Francisco Celhay), la rabia y la impotencia de su fusilamiento, hasta convertirse en una denodada defensora de los derechos humanos la vivieron también otros seres humanos. Fue lo que sucedió en distintos lugares: en La Serena, en Santiago, en Lonquén, en los campos de prisioneros desde Pisagua a la isla Dawson. Lo notable es que, como dijo el propio Wood, esta historia sombría es, al mismo tiempo, “una apología a la vida”.

Para ello, Carmen Hertz debió sacrificar parte de su intimidad. (“me dio un pudor no menor”), pero el resultado valió la pena. Desde octubre de 1973, cuando ocurrió este episodio, inserto en el largo viaje de la Caravana que cobró casi un centenar de vidas, hubo persistentes intentos de ocultamiento y negación. Ello explica que muchos chilenos sólo se enteraran mucho más tarde de la verdad.

Ahora no hay como negarlo.

 

A. S.
Septiembre de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas

NOTA:

En noviembre se podrá ver de nuevo “Ecos del desierto” en el canal de cable TNT