Juegos peligrosos

 

En el mundo cibernético, la sensación predominante ya no es la de progreso constante y bienvenido. El panorama se ha tornado amenazante: las debilidades humanas quedan rápidamente al descubierto, por ejemplo cuando alguien trata de apropiarse del trabajo ajeno. Se denuncia el “copy & paste” en todo el mundo, incluso en prestigiosos programa de doctorado.

Pero lo peor del desmesurado desarrollo de las tecnologías de comunicación no es eso.

Desde mucho antes de Internet, se planteó el temor de que todos los humanos fuéramos sometidos a la vigilancia del omnipresente Gran Hermano descrito por Orwell. La masificación de los equipos, especialmente los que se llevan en la cartera o el bolsillo, plantea ahora una serie de peligros nuevos y no imaginados.

La semana pasada, en la televisión de cable se mostró en Chile “Echelon conspiracy” (traducida como La conspiración del poder), película de política ficción de 2009 que gira en torno al uso criminal e imparable de Echelon, súper red de espionaje montada por Estados Unidos y sus aliados. Según el film, “alguien”, en el alto mando militar norteamericano, pone en marcha un sistema automático que vigila permanentemente a todas las personas en todo el mundo. Puede, además, interferir sistemas computacionales, desde casinos de juego hasta ministerios de Defensa. Su bien intencionado objetivo sería anticiparse a cualquier peligro. Lo que no se previó, como ocurre en la ficción, es que se rebelara contra sus creadores. Echelon sería anterior al ataque contra las torres gemelas en Nueva York en 2001. De ser así, falló brutalmente.

La supuesta red fue revelada por un personaje llamado Winslow Peck. Lo hizo en un informe para el Parlamento Europeo en 1976. Pero su verdadero nombre sería Perry Fellwock, lo que solo aumenta las dudas y las sospechas.

El truculento asunto, que causó alguna conmoción en 2006, parecía haber quedado en el olvido. Pero, el mismo día en que en las pantallas locales se presentaba la película sobre Echelon, The New Yok Times reactivó el tema. La fuente: el material revelado por el disidente norteamericano Edward Snowden.

Según la denuncia, el instrumento sería de apariencia inocente: “Angry Birds”, un juego electrónico de pájaros contra cerdos, una aplicación para smartphones de origen finlandés. En una labor conjunta, la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos y los servicios secretos británicos, estarían aprovechando con fines de espionaje este juego y muchas otras aplicaciones como Google maps, Facebook, Flickr, Linkedin, Twitter y más. Aunque no se conoce el detalle de la tecnología, el diario norteamericano asegura que se ha ido perfeccionando, empezando por las preferencias políticas o sexuales de sospechosos.

Oficialmente Washington reaccionó reiterando la antigua acusación de que así se pone en peligro a los agentes encubiertos.

En segundo lugar, aseguró que la privacidad de los norteamericanos no corre riesgo. Lo que podría ser tranquilizador para ellos, pero no para el resto de la humanidad.

 

A. S.
Enero de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas