La Voz, una experiencia periodística inolvidable

Estimados amigos.

Este es un viejo truco de algunos oradores: esta madrugada desperté un poco más temprano que de costumbre con un pensamiento acuciante. Me había olvidado incluir entre los colaboradores de La Voz a Sergio Livingstone. El Sapo o Sapito como lo llamaban al final de su vida, fue comentarista deportivo en La Voz, antes que en otros medios.

Nunca lo olvidó. Años después, cada vez que nos encontrábamos, recordaba esos años como un período de grandes satisfacciones personales.

No. No podía olvidar al Sapo Livingstone. Y espero, más adelante, no haber olvidado otros nombres tan ilustres como el suyo.

Y ahora, a lo nuestro. Empiezo con otro nombre famoso.

La semana pasada, con motivo de invitarlo a esta ceremonia, me puse en contacto con Hernán Vidal, notable dibujante y humorista, quien es probablemente uno de los más antiguos sobrevivientes de La Voz. Como me contó él mismo, era apenas un niño cuando fue “descubierto”.

LA VISION DE HERVI

Lo recordó así:

Ay, querido amigo, como siento no poder estar en tan grato e histórico evento. Si sólo fuera que estoy viviendo en Linares, mi segunda patria, me habría venido por el día, pero, además, estoy preparando un viaje a New York el próximo sábado, para ver por unos días a nuestra hija Paloma, arquitecta ella, que está terminando su MBA en Rochester, y partirá a un periplo por el mundo hasta fin de año.
Como podrás ver, han pasado algunas cosas en estos años que nos ha tocado vivir, llenos de alegrías y dramas terribles, que hemos compartido intensamente.
Sin duda, la partida de todo esto fue "La Voz", un periódico emblemático que me hizo crecer desde esa infancia tan lejana. Tenía doce años cuando el cura Oscar Domínguez me fue a buscar al suplemento infantil "Mampato" de El Mercurio. Allí estaba publicando unos dibujos que él vio, y me pidió que colaborara en La Voz. Conocí entonces de primera mano ese tan espectacular oficio y arte que es el periodismo.
Estaban algunos de los mejores periodistas del momento. Pasé de una colaboración muy naif, la tira semanal sin palabras del angelito Malaquías, a ilustrar artículos de todo tipo, e incluso a hacer caricaturas de la actualidad internacional, con la ayuda de los mayores que me explicaban qué estaba pasando.
El camino fue largo en ese periódico, y enriquecedor por el aprendizaje del oficio y de la calidad humana del equipo.
Nos hemos encontrado en muchas otras aventuras periodísticas desde entonces, siempre con el mismo fraternal entusiasmo, y en el trasfondo, con el eco de La Voz.
Gracias por todo.
Un abrazo
Hervi.

LA VOZ DE DIOS NO ESTA ENCADENADA

Creo que para los que nos importa en esta ocasión, Hernán Vidal ha hecho un notable resumen del papel de La Voz. Este periódico del arzobispado desde los años 50 del siglo pasado hasta 1965 nació de la voluntad del cardenal Caro, quien proclamaba que “la voz de Dios no puede estar encadenada”, parafraseando a un Papa del siglo XIX. En 1950, Pío XII profundizó en el tema, generando una dinámica que nos alentaría a muchos de quienes trabajamos en La Voz.

En febrero de 1950, impedido por razones de salud de asistir personalmente un congreso internacional de la Prensa Católica, envió a los participantes un claro mensaje:

La prensa católica debe oponer un obstáculo infranqueable al retroceso progresivo, a la desaparición de las condiciones fundamentales de una sana opinión pública y consolidar e incluso reforzar lo que de ella queda. Renuncie de buena gana a los vanos provechos de un interés vulgar o de una popularidad de mala ley; sepa mantenerse, con enérgica y decidida dignidad, inaccesible a todos los intentos directos o indirectos de corrupción. Tenga el valor —aun a costa de sacrificios pecuniarios— de alejar implacablemente de sus columnas todo anuncio, toda publicidad injuriosa para la fe o la honestidad. Al obrar así, ganará en valor intrínseco, acabará por conquistar la estima y luego la confianza y justificará la consigna tantas veces repetida: ‘En todo hogar católico, el periódico católico’”.

LEALES PERO CON VOZ PROPIA

Como había sido 150 años antes cuando se puso al sacerdote Camilo Henríquez al frente de La Aurora de Chile, nuestro primer periódico, la historia de La Voz, primero con sacerdotes como directores y hacia el final con dos laicos: el abogado Gastón Cruzat y yo mismo, quisimos hacer gala de una lealtad que no entendíamos como incondicionalidad.

La historia que hoy estamos recordando, nos habla de lo que sin duda es uno de los mayores desafíos del periodismo en la Iglesia Católica: dónde está el límite a la libertad de los periodistas. ¿Cuánto se puede informar? ‘¿Cómo se pued informar de los asuntos internos de la Iglesia Católica? ¿O de los errores, para decirlo suavemente, de sus representantes?

Esa fue la fuente de no pocos problemas en La Voz. Pero, al mismo tiempo nos abrió las puertas a llevar a la práctica una visión que nosotros pensábamos honestamente que era coincidente con lo que se esperaba cuando se anunció e inauguró el Concilio Vaticano II.

Gastón Cruzat fue designado para establecer una oficina de prensa en Roma a partir de 1964. Me llevó entonces como subdirector.

Como habría sido fácil prever, al cabo de un par de meses terminó algo abruptamente nuestra misión. Hace medio siglo, había situaciones que no se podían aceptar en el Vaticano.

Creo firmemente que no estábamos equivocados y que, en la actualidad, con el Papa Francisco, podríamos haber hecho un gran trabajo.

Pero eso, naturalmente, es solo una suposición.

NOMBRES PARA RECORDAR

Lo que sí me parece un deber en este momento, es recordar a ese selecto grupo con el que me tocó trabajar en esos años aquí en Santiago. Intelectuales distinguidos como Alejandro Magnet, Guillermo Blanco, Javier Lagarrigue, Hernán Poblete. más un grupo de periodistas jóvenes como Cecilia Binimelis, María Eugenia Saúl, Lidia Baltra, Alicia Vega, Javier Rojas, ya fallecido, Leonardo Cáceres, Francisco Castillo, Vicente Pérez Zurita, Abel Esquivel, más algunos fotógrafos como Marcelo Montesinos y José Luis Villalba, conformaron entonces un periódico que no tenía grandes recursos económicos, pero que en esos años se abrió un espacio ante la opinión pública.

HECHOS Y NOTICIAS COMPLEJOS

Este grupo vivió e informó y opinó sobre una serie de hechos que marcaron la existencia de La Voz.

En esos años vivimos dos elecciones presidenciales, la de 1958 y la de 1964. La Voz informó de ellas y del panorama nacional en que se desarrollaron, haciéndose eco de una preocupación creciente de la jerarquía. Entran en la “pauta periodística” las poblaciones urbanas (bautizadas como “callampas”); la demanda por la Reforma Agraria, incluyendo los pasos iniciales que dieron conjuntamente el obispo Manuel Larraín y el Cardenal Silva Henríquez. Junto a ellos estuvieron nuestros reporteros. Y también estuvimos en 1962 cuando, en un paro nacional, murieron baleadas seis personas en la población Cardenal Caro. Una portada inolvidable ilustró ese hecho con una foto en que aparecen unos niños que huyen en desbandada bajo la amenaza de los fusiles militare s.

De todo ello informó La Voz, hiriendo a veces legítimos sentimientos e intereses de quienes percibían más que nada los peligros de la Guerra Fría.

La Voz debió informar entonces del aplastamiento de las protestas anticomunistas en Europa Oriental, la primera etapa de la Revolución Cubana, el asesinato de John Kennedy, el auge de las dictaduras en nuestro continente. Pero también informó de las esperanzas que suscitaron el anuncio y el comienzo del Concilio y el breve período del Papa Juan XXIII. De la obra perdurable de muchos sacerdotes, empezando por el Padre Hurtado y quienes lo siguieron en las poblaciones urbanas, un grupo inolvidable de obispos de prestigio mundial y el cardenal Raúl Silva Henríquez.

Los años de La Voz fueron años inolvidables para mí. Creo que fueron el mejor comienzo de mi carrera, Por ello, me alegro que estas revistas queden ahora en buenas manos.

Muchas gracias

A. S.
28 de Julio de 2015