El gran dolor católico

Para Luis Guastavino, de larga militancia comunista, la caída del muro de Berlín y el derrumbe de los socialismos reales, fue el campanazo final. En el exilio tras el golpe del 11 de septiembre de 1973, descubrió una realidad que lo obligó a poner en duda sus más profundas convicciones.

Renunció al Partido Comunista y resumió su experiencia en un libro titulado “Caen las catedrales”. Era una metáfora precisa, pero metáfora al fin. En estos días, en cambio, muchos católicos chilenos han descubierto que la imagen se ha convertido en una dolorosa realidad. Algunas sólidas catedrales espirituales muestran grietas amenazantes.

¿La causa? La impresionante cantidad de líderes espirituales, muchos de ellos de gran visibilidad en la prensa, que están siendo cuestionados. Su delito-pecado no ha sido probado. Pero las autoridades católicas dijeron en un caso que las acusaciones “tienen verosimilitud” y han puesto los antecedentes en manos de sus propios jueces. Lo mismo han hecho, paralelamente, los tribunales ordinarios de justicia

En medio de esta serie de denuncias, han surgido testimonios desgarradores. El diario La Segunda reprodujo palabras del vocero de la Fiscalía Norte de Santiago, Francisco Ledezma: “Una de las manifestaciones de uno de los menores víctimas fue dejar de creer en Dios. Un niñito que era súper creyente, que rezaba todas las noches. Un día los papás se encontraron con que el niño decía que Dios era malo porque no lo cuidaba, no lo protegía”.

No sabemos si los prominentes sacerdotes denunciados son o no culpables. Pero hay, porque ya fueron investigados y condenados por los tribunales eclesiásticos y los civiles, decenas de otros religiosos hallados culpables. La gran mayoría son abusadores de menores, niños y niñas. Es, quizás, el peor escándalo. No olvidemos que en todas las civilizaciones, desde siempre, ha habido preocupación por los ancianos, los enfermos, los débiles... y los niños. En el Evangelio, Jesús se muestra permanentemente preocupado de todos ellos, pero en especial de los niños. Ello motiva una condena sin atenuantes, tal como lo relata San Mateo:

A cualquiera que haga caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mi, mejor le sería que lo echaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello”.

Este es un mal momento para los creyentes, tanto del estado llano como de la jerarquía. De eso no cabe duda. Pero, en medio de esta crisis, es bueno escuchar algunas voces que previenen ante una reacción exagerada. Se ha hablado de la posibilidad de una sicosis, de ver culpables donde no los hay. Por eso, la mejor recomendación sigue siendo prevenir. Aparentemente en los sectores que se han visto más afectados, los niños presentan una peligrosa vulnerabilidad por desconocimiento. Muchos padres nunca se preocuparon de alertar o sus hijos. O prefirieron delegar la responsabilidad en educadores o asesores espirituales.

El coraje de hablar de cosas que a todos nos cuestan, habría servido, sin duda, para atenuar la crisis actual. Y las catedrales no estarían estremeciéndose.

A. S.
27 de julio de 2012
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas