En el día de don Miguel.

 

Eran contemporáneos, pero nunca se conocieron personalmente. Miguel de Cervantes y William Shakespeare protagonizaron los momentos más brillantes de la literatura mundial. En sus obras crearon personajes inmortales, como Hamlet y Don Quijote. Los une, además, un hecho curioso: murieron el 23 de abril de 1616… pero en fechas distintas, debido a los diferentes calendarios de españoles y británicos.

Con todo, su contemporaneidad y su genio han alimentado desbordes de imaginación. Por ejemplo, según recordó en 2008 el diario El País, “el británico Anthony Burgess da en su cuento Encuentro de Valladolid su visión de una hipotética reunión entre los dos escritores… y (un) dramaturgo británico, recreó la conversación que podrían haber sostenido Shakespeare y Cervantes si el español hubiera formado parte de la delegación que acudió a Sommerset House en 1604 para negociar la paz entre los dos países”.

Sin embargo, para los hispanohablantes lo importante es que desde 1946, cada año se celebra el Día del Idioma en conmemoración de Cervantes, promovido como corresponde por el Instituto Cervantes. Cada año todas las academias de la lengua, incluyendo las de Filipinas y Estados Unidos, se suman a la fiesta. El año pasado participaron 77 ciudades en 44 países.

Las posibilidades de abordar el tema son múltiples, como amplio y variado es el castellano mismo. Por eso no debería sorprender que este año, para la celebración fijada para el lunes 22 por la Academia Chilena de la Lengua, se haya decidido que el tema es “La ética periodística y el cuidado del idioma”.

La idea es que la responsabilidad ética en el periodismo, que tiene como ejes centrales la búsqueda de la verdad y el respeto a la dignidad de las personas, también pasa por el buen uso del idioma. La precisión de los términos, el buen estilo, la redacción atractiva y original, deben ser parte integral del castellano usado en todos los medios: impresos o audiovisuales… incluso digitales.

La confusión en una nota periodística por desconocimiento del significado de los términos o por ausencia de una buena explicación acerca del sentido de una expresión especializada, presta un mal servicio a la misión informativa. Son errores que desgraciadamente se producen con indeseable frecuencia por el apuro de la hora de cierre o por la falta de cuidado en la recopilación de los datos: nombres, lugares, situaciones específicas, etc.

Quienes plantearon por primera vez en Chile este tema, no fueron periodistas, sino dos profesores de la U. Católica (Marcela Oyanedel y José Luis Samaniego, en la Revista Universitaria, en 1999). Su denuncia fue que “el lenguaje de los medios padece hoy en general de pobreza en los planos léxico y sintáctico y de falta de rigor en el plano elocucional”. Como resultado, sostienen, se produce (en el público) “una percepción también pobre y burda de la realidad, y que no favorece para nada el desarrollo de un espíritu crítico y alerta”.

Es una acusación grave. O por lo menos una voz de alerta que Cervantes no puedo siquiera imaginar.

Menos Shakespeare.

A. S.
12 de Abril de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas