Premio Nobel para la paz

La larga -y a veces triste- experiencia internacional asegura que quienes los organizan nunca pierden los plebiscitos. En rigor los resultados no siempre han sido tan categóricos. Por ejemplo, en Chile las dos “consultas” (hubo cuidado de no calificarlo de “plebiscito”), en 1978 y 1980, las ganó Augusto Pinochet. Pero en 1988, cuando se le exigieron algunos requisitos básicos, no ocurrió lo mismo.

La historia europea recuerda que entre 1958 y 1969 se realizaron seis plebiscitos en Francia. Acusado de llevar a su país a un autoritarismo extremo, el Presidente De Gaulle anunció que renunciaría si era derrotado. Así fue. Este año, en Gran Bretaña, el fracaso del gobierno de David Cameron al tratar de impedir el “brexit”, la salida de la Unión Europea, significó, inevitablemente, su renuncia como Primer Ministro. Nunca, sin embargo, una derrota tuvo paradojalmente un significado tan positivo en Colombia.

En la votación, el gobierno de José Manuel Santos no pudo imponer su voluntad. Bastaron menos de 60 mil votos para que triunfara la opción “No”.

Hay varias explicaciones, empezando por el rechazo a la posibilidad de que los autores de crímenes de sangre no tuvieran que sufrir un día de cárcel (“impunidad total”, la llamó el expresidente Álvaro Uribe). Otro aspecto que no gustó a la mayoría -leve, en rigor- de los colombianos fue la entrada de los guerrilleros en política, garantizándoles una cuota de parlamentarios. El propio Uribe insistió en otros dos temas delicados: los secuestrados de los cuales nada se sabe y los niños que no han vuelto a sus casas.

Pese a la sorprendente derrota, el Presidente Santos reaccionó con decisión: “No me voy a rendir”, dijo. Sus opositores reaccionaron con notable altura de miras. El Presidente Santos y su antecesor Álvaro Uribe iniciaron de inmediato el trabajo para un nuevo acurdo que asegure la paz.

Dijo Uribe: “Pedimos a las Naciones Unidas que acompañe esta nueva etapa de la democracia colombiana, porque el resultado del domingo rechazó los acuerdos pero reafirmó el deseo unánime de paz”,

Parecido fue el argumento del Comité del Nobel de la Paz, que se entrega en Oslo. El viernes se anunció que el Presidente Santos recibiría el galardón por “sus decididos esfuerzos para terminar con la guerra civil… una guerra de 50 años que les ha costado la vida a por lo menos 220.000 colombianos y que ha desplazado a seis millones de personas”.

El premio, además, debe ser considerado como un “tributo al pueblo colombiano, que a pesar de las dificultades y abusos, no ha perdido las esperanzas de una justa paz, y a todos aquellos que contribuyeron al proceso de paz”.

A. S.
Octubre de 2016
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas