Tiempo de cincuentenarios

La década de 1960 fue turbulenta. Para algunos -en especial campesinos, trabajadores y jóvenes- significó una gran esperanza. Pero otros chilenos sufrieron el impacto de la inseguridad y el temor. Pese al tiempo transcurrido, hay pasiones que no se han apagado. Ahora se cumple medio siglo desde 1967, año marcado por un sinnúmero de acontecimientos que nos dejaron huellas profundas, recuerdos imborrables para muchos. Fue, probablemente, el momento culminante.

Para mi generación, la década de 1960 fue “la década prodigiosa”. Entre 1960 y 1970 vivimos muchas emociones y fuimos protagonistas de muchos acontecimientos trascendentales. El período se inició trágicamente con el terremoto de Valdivia, nos hizo vibrar con el Mundial de Fútbol en 1962 y tuvo un profundo estremecimiento político el 4 de septiembre de 1964 cuando se eligió Presidente a Eduardo Frei Montalva, paladín de la Revolución en Libertad.

En Estados Unidos esos fueron los años de John Kennedy, un Mandatario carismático. que arrasaba con su simpatía y la imagen de una familia perfecta, y que hoy ha sido escarnecido por mujeriego. Pero también fueron los años de Martin Luther King y la lucha por la igualdad racial y, también, de la aventura espacial. Mientras el mundo vivía el fragor de la Guerra Fría, la Iglesia Católica se embarcó en el Concilio convocado por Juan XXIII bajo la consigna del aggiornamento, intento de una audaz “puesta al día” que todavía no se logra del todo.

Cada uno de esos diez años tiene historias y protagonistas per se. Pero, como se está viendo ahora, es probable que1967 haya sido el más rico. Es el año en que estallan -literalmente- dos procesos espectaculares. Uno fue la rebelión de los universitarios, simbolizada por un desafiante cartel en el frontis de la Universidad Católica: “El Mercurio miente”. El otro fue la Reforma Agraria.

Las protestas estudiantiles eran solo el comienzo de una efervescencia que cruzó todo el planeta y se manifestó paradigmáticamente en Paris en mayo y junio de 1968. El objetivo aparente era la reforma universitaria, pero tras esa demanda estaban el rechazo a la amenaza nuclear y la guerra (Vietnam), un distanciamiento inédito ante la sociedad de consumo y la solidaridad con el Tercer Mundo.

En Chile, la Reforma Agraria apuntaba a cambiar la economía del país. Pero, más que nada, como dijeron los obispos católicos al iniciar la entrega de sus propiedades a los campesinos, se quería asegurar el reconocimiento de su dignidad. Como recordó, años más tarde, Alejandro Guerrero, vicepresidente de las Cooperativas Campesinas: “La Iglesia bajo el Cardenal nos enseñó a organizarnos bajo los principios universales del cooperativismo. Fue nuestro Pastor y conductor”. En este complejo período se sumó un factor crucial: la libertad de sindicalización de los campesinos.

No fue tarea fácil. Pero implicó un vuelco profundo en nuestra sociedad. Esa es una poderosa razón por la cual resulta insuficiente y mezquino medir la Reforma Agraria solo por sus resultados económicos. Lo mismo, los avances de los trabajadores urbanos y los habitantes de las poblaciones obreras.

Lo esencial de todo esto, 50 años después, sigue siendo el reconocimiento de campesinos y trabajadores como personas y como ciudadanos chilenos.

A. S.
Agosto de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas