Chileno representativo.

 

Cuando nació la TV en nuestro país, se pensaba en un modelo europeo, sin fines de lucro y con propósitos educacionales. El temor del Presidente Jorge Alessandri era que, de otro modo, el país se internaría en el consumismo desenfrenado. Por esa razón se creó la TV universitaria y, más tarde, Televisión Nacional.

Eran buenas intenciones, pero difíciles cumplir. Como las universidades no podían gastar demasiado, se ideó un “resquicio”: hacer lo que los publicistas llaman “placement”: publicidad indirecta. En el escritorio donde se hacían las entrevistas, se colocaba de manera visible y reconocible, un producto, una bebida o un café. No se los nombraba, pero estaban ahí.

Al final, las autoridades se rindieron y empezó la TV comercial. Por años sobrevivieron algunos de los buenos propósitos iniciales. Pero, después que aparecieron las estaciones privadas y el cable, la dura competencia obligó a un creciente cambio en la administración del negocio. Al principio fue tímido, pero luego perdió el pudor.

Más que los “realities”, los programas extremos u otros recursos impensables en los tiempos de la TV universitaria, la veta más rentable ha sido el sacrifico de la calidad por la cantidad. En un afán simplificador, se apeló a las posibilidades más extremas: lenguaje vulgar, personajes de lengua larga y trajes breves, y opinología sin límites (comentarios sin argumentos ni respaldo).

El resultado es lo que hemos estado viendo en los últimos meses: farándula de la mañana a la noche, énfasis en el morbo y sensacionalismo a la hora de las noticias y unas escasas notas “culturales”. No es de extrañar que, aunque el negocio todavía funciona, haya una fuga masiva de la audiencia hacia el cable que ya dejó de ser un privilegio).

Hasta ahora, sin embargo, como han estado proclamando los especialistas, la tendencia sigue firme. O peor.

El ejemplo más reciente –lamentablemente no será el último- es el de los comentarios de Yerko Puchento. Su arremetida homofóbica y racista contra un periodista de Canal 13, su mismo canal, es un revelador capítulo de cómo están las cosas. Ha generado rechazos, pero es probable que se diluyan. Oficialmente, Canal 13 lamentó “el episodio generado por una rutina humorística” contraria a su línea editorial, pero reconvino al periodista que había sido maltratado públicamente: “La ropa sucia se lava en casa”, le dijeron.

Lo que hace apenas unas décadas estaba reservado para los “callejones del pecado”, ahora se puede ver en vivo y en directo a cualquier hora. Como un resabio de algunas costumbres ancestrales, todavía hay ciertos límites –muy débiles- entre lo que se exhibe antes y después de las 22 horas. Pero la tónica del destape total lo impregna todo: ausencia de valores, lenguaje arrabalero y ningún respeto por la dignidad de las personas.

En este contexto –a pesar de todas las normativas vigentes- el chileno más representativo es, sin duda, Yerko Puchento. Sin olvidar, claro, la competencia: las divas del buen gusto y el mejor decir.

 

A. S.
18 de enero de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas