Implacable, inescapable

Son tres imágenes captadas independientemente por tres personas distintas: dos en Viña del Mar y una en San Francisco de Mostazal.

Tienen en común que sus protagonistas no saben que están siendo grabados y que van a sufrir inesperadas consecuencias.

La primera imagen es difusa: en 16 segundos se ve a un hombre a la entrada del casino de Viña del Mar, se acerca a una pequeña figura sentada en una escala, se sienta a su lado y casi de inmediato se para y se va. Poco después, el hombre, identificado como Pablo Mackenna, “rostro” de la televisión, es acusado por María Fuentes Paredes, madre de la niña, de abuso sexual. Mackenna es detenido y formalizado..

El tribunal fija 60 días para completar la investigación. Mackenna cree que la grabación, aunque imperfecta, lo libera de culpa. Anuncia que se querellará contra su acusadora.

Más clara, la segunda grabación también fue hecha en Viña por Manuela Vasena, una estudiante cordobesa, el 26 de enero. Muestra un grupo de grumetes de la Armada. No importa tanto la imagen como el sonido: “Argentinos mataré, bolivianos fusilaré, peruanos degollaré”.


(Manuela Vasena
Foto de Perfil en Twitter)

La visitante “cuelga” el video en YouTube y se desata la tormenta. La condena es casi unánime: sólo el diputado UDI Gonzalo Arenas se permite recordar que en sus tiempos de cadete, “hace no más de 20 años”, se cantaba lo mismo.

Para el gobierno el asunto, comprensiblemente, es grave. En la Cancillería se dan explicaciones a las autoridades de los vecinos.

La tercera grabación, pese a estar plagada de planos oscuros, permite observar cómo un grupo de carabineros golpea a un civil ebrio.¿Resultado? La inmediata “baja” de los uniformados de San Francisco de Mostazal.

La “sociedad de la Información”, cuyo punto de partida es Internet, comenzó hace décadas. Su maravillosa capacidad de entregar información instantánea mediante textos, sonidos e imágenes -sobre todo imágenes- todavía nos sorprende. Se olvida que cualquier ciudadano puede grabar lo que ve en la calle, en su casa, incluso en su intimidad y subirlo a Internet.

Ni siquiera George Orwell pudo anticiparlo. En su libro 1984, describe un país totalitario, regida por un omnipresente Gran Hermano, un ser casi divino y quien vigila permanentemente todo lo que hacen sus súbditos. Hasta los miembros del partido gobernante son controlados por telepantallas, que captan y entregan sonidos e imágenes.

Algo muy distinto fue lo que se prometió a fines del siglo XX: capacidad de comunicarnos como nunca antes. En un reportaje de Time sobre “lo que vendrá”, se pronosticó que hacia 2003 “los teléfonos portátiles, con cámaras de video y pantalla”, permitirían a las personas hablar entre ellas, ver películas o realizar juegos de computador en cualquier parte.

Pese a su optimismo, esta visión no anticipaba plenamente lo que estamos viviendo: las personas se comunican y dan a conocer lo que quieren a cientos o miles de seguidores y pueden oficiar como testigos de cargo, como “periodistas ciudadanos” o denunciantes profesionales. Es la realidad, pero no siempre la entendemos así.

Probablemente siempre hubo cantos ofensivos, en Chile o en otras partes, pero la diferencia es que ahora cualquiera puede grabarlos. El celular es una poderosa herramienta a la que nada escapa y que nadie puede desmentir.

Vale la pena no olvidarlo.

 

A. S.
Febrero 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas