Recuerdo de un anarquista

 

Cuando los chilenos Francisco Javier Solar Domínguez y Mónica Andrea Caballero Sepúlveda fueran detenidos en España, el caudal noticioso apuntó a su situación en Chile. Ambos, acusados como autores de atentados con bomba, tras un polémico proceso de siete años, fueron absueltos por la justicia. En el fragor de la campaña electoral, su detención en Madrid reavivó la polémica acerca del sistema judicial chileno.

Ahora su caso está en manos de la justicia española. En primera instancia el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco, les imputó la comisión de delitos de “pertenencia a organización terrorista, estragos y la conspiración para la comisión de estragos”.

Traspapelado en la información quedó un detalle: a los chilenos se les vincula al "Comando Insurreccional Mateo Morral". Para el Ministerio del Interior de España, se trata de "un comando anarquista muy bien organizado, extremadamente peligroso y con fuertes relaciones internacionales". Del nombre solo se ha dicho que corresponde a quien, a comienzos del siglo XX, trató de asesinar al Rey de España, Alfonso XIII, y a su esposa, Victoria Eugenia de Battenberg, el día mismo de su matrimonio.

Hubo un escritor-dramaturgo-poeta-periodista en nuestro país que se preocupó de averiguar más.

En 1953, de viaje por España, Daniel de la Vega escribió acerca del atentado y su autor. Habían transcurrido más de cuatro décadas desde que Mateo Morral, en mayo de 1906, lanzara una bomba por la ventana de la pieza que alquilaba en la calle Mayor N° 88. Para disimular la había envuelto en un ramo de flores. Una casualidad –que la novia inclinó su cuerpo al lado puesto del carruaje- le salvó la vida. También ayudó que el explosivo se enredara en el tendido eléctrico. Hubo 24 civiles muertos y casi un centenar de heridos.

El autor fue identificado de inmediato. Días después fue detenido. Cuando lo llevaban al cuartel mató de un tiro a su custodio y se suicidó.

Eran tiempos revueltos. Se repetían en todo el mundo, desde Rusia al imperio austro-húngaro y Estados Unidos, los atentados con bombas. El anarquismo tenía cierto encanto para distinguidos intelectuales. Morral estuvo, en su breve paso por la capital española, con algunos escritores como Ramón Gómez de la Serna, Ramón del Valle-Inclán y Pío Baroja. Varios de ellos se definían como anarquistas. Más tarde, durante la Gran Guerra, concentraron su esfuerzo en la defensa de los valores de Occidente, en especial de Francia y la denuncia de la “barbarie alemana”. Uno de sus herramientas principales fue la revista “Los aliados”.

Por un tiempo, Morral fue considerado un héroe. En la República española le cambiaron el nombre a la calle Mayor por el suyo. Más tarde el franquismo borró el gesto. Antes, Valle-Inclán que reaccionó inicialmente con un poema francamente admirativo de Morral (“¡Tú fuiste en mi vida una llamarada!”), optó por tomar distancia.

Daniel de la Vega, redivivo en una pequeña antología por Juan Antonio Massone, se quedó con la escena en que los reyes reaparecen indemnes en medio del humo y los destrozos. “En la confusión espantosa el pueblo gritaba: “Viva el Rey”.

A. S.
Noviembre de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas