La voz que hace falta

 

En vísperas de unas primarias reducidas en la práctica a la definición de los candidatos presidenciales, el país está viviendo una creciente crispación. El tono del debate se intensificó desde el momento en que la ex presidenta Bachelet entró oficialmente a la cancha, la UDI se vio forzada a cambiar su abanderado y, más tarde, se ha generado un desmesurado debate sobre los eventuales falsos exonerados políticos.

La guinda de la torta es la polémica entre la UDI y RN por la salida de los ministros Cruz-Coke y Lavín.

Abundan las voces que expresan temores catastrofistas.

Cuando se recuperó la democracia, en los 90, aunque Chile estaba en una camisa de fuerza por los amarres que dejó la dictadura (binominal, senadores designados, consejo de seguridad, comandantes en jefe inamovibles), se planteó la “amistad cívica” como una gran esperanza. Era el símbolo de los nuevos tiempos, el regreso al Chile tradicional, imperfecto pero respetuoso del adversario y que avanzaba en la ampliación de los derechos ciudadanos.

Este año, en que se cumplen cuarenta desde el golpe militar, vemos que no todas esas aspiraciones se convirtieron en realidad.

Abundan las descalificaciones. Se sospecha de todo. Se desconfía como nunca antes. Y, como si fuera poco, se ha vuelto a un estilo confrontacional, que comenzó “a garabato limpio” y ya llegó al escupitajo y al lanzamiento de huevos.

Hace falta un llamado a la concordia.

En otro tiempo, la Iglesia Católica habló oportunamente “del deber social y político” y más tarde denunció con firmeza las violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Pero luego se enredó en su propio drama. Hoy un sacerdote que optó por el autoexilio, denuncia la pérdida de liderazgo. Su voz sigue siendo rechazada allí donde debería haber suscitado una mayor reflexión.

La Iglesia prefiere callar.

Y no hay otra autoridad moral que nos haga meditar sobre lo que está pasando. ¿Cómo es posible que se trate de sacar un mezquino provecho de la lamentable situación planteada por los falsos exonerados? Como dijo el senador Ignacio Walker, se pretende imponer la noción de que todo fue farsa, que nunca hubo violencia ni detenidos desaparecidos, ni violaciones a los derechos humanos ni muerte, tortura, degollados, exiliados, relegados.

Se reclama porque hay situaciones condenables que no fueron denunciadas, sin recordar las limitaciones de la libertad de expresión, el cierre de medios, la censura y la autocensura.

Hace bien el contralor al velar por el cumplimiento estricto de la ley sin resquicios ni favores políticos. Pero cuando precisó los alcances del informe en cuestión, tuvo mucho menos eco.

Es hora que recordemos, a toda voz, los abusos que se acallaron, los despidos y las postergaciones y las riquezas surgidas de la nada al amparo del poder dictatorial. No se trata de “empatar” acusaciones: lo ocurrido en Chile a partir de 1973 fue horrorosamente grave y deberíamos preguntarnos si, después, con el pretexto de “la amistad cívica” se acallaron sufrimientos y se consagraron inaceptables injusticias.

A. S.
7 de Junio de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas