El asesino es el periodista

Faltaba un cuarto de hora para las siete de la mañana en Virginia (EE.UU.), una hora menos que en Chile. Allá el día estaba claro. En nuestro país todavía era de noche.

La reportera Alison Parker entrevistaba a Vicki Gardner, de la Cámara de Comercio de Moneta. El tema era el turismo local. El camarógrafo Adam Ward grababa tranquilamente la escena. Comenzaba la rutina de otro día más en el canal WDBJ., una estación pequeña, en un lugar tranquilo. Entusiasmados con su tarea de madrugada, no se quejaban: tanto la periodista como el camarógrafo tenían pareja con otros compañeros de trabajo.

Estaban lejos de escenarios en los cuales los periodistas trabajan en constante peligro, desde México a los campos de batalla de Medio Oriente. Su labor no los exponía a conductas irracionales como las del pre-candidato republicano Donald Trump quien obligó a un periodista mexicano a abandonar la sala donde ofrecía una conferencia de prensa.

Si la vida de los periodistas de WDBJ era un paraíso, era posible que irrumpiera el mal. El papel lo asumió otro periodista: Vester Lee Flanagan, personaje obsesionado por los prejuicios de la sociedad norteamericana. Había sido despedido por su agresividad que, según la empresa, creaba un mal clima en el trabajo.

Un día antes, Flanagan había despachado un texto de 23 páginas que era, de hecho, su despedida. Allí describió sus quejas, pero a nadie le importó en ese momento. Hasta el miércoles. Esa mañana el hombre se acercó sigilosamente a sus colegas. Llevaba en una mano una pistola Glock y en la otra grababa con su celular.

Fue así como, en forma inédita, captó el momento en que su primer disparo hirió de muerte a la joven reportera. Luego disparó contra Ward e hirió a la entrevistada. La última imagen captada por Ward mientras iba cayendo al suelo, muestra el rostro del asesino.

Flanagan completó su cometido subiendo a la red las imágenes del asesinato. Luego huyó y más tarde se suicidó.

Aunque nadie puede sorprenderse por la facilidad con que tanto el asesino como una de las víctimas grabaron la escena, en este caso se generó un conflicto ético. En Chile, varios canales mostraron una y otra vez el momento en que la joven reportera fue herida. La CNN local, en cambio, prefirió omitir las crudas imágenes.

Para los chilenos, la imagen es dolorosamente similar a la que captó Leonardo Hinrichsen, fríamente asesinado en junio de 1973 en el centro de Santiago. Fue el día del tancazo y en su cámara también logró captar a su asesino, integrante de una patrulla militar.

Ser periodista tiene ahora más peligros que nunca. Pero ellos no son completamente nuevos

A. S.
Septiembre de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas