Violencia en Venezuela

Podría ser una caricatura, pero no lo es: en Venezuela el problema no es el complot en su contra que denuncia permanentemente el Presidente Maduro. Tampoco el desabastecimiento.

El mal, endémico y profundo, es la violencia.

Ningún país democrático puede aceptar que su capital sea la segunda ciudad del mundo con más asesinatos cada año: 115 por cada cien mil habitantes. La tasa de homicidios de Venezuela es la quinta más alta del mundo, según la ONU.

Una organización no gubernamental mexicana acaba de entregar un desolador balance: América Latina tiene 43 ciudades entre las 50 con más crímenes en el mundo. Entre las diez primeras, aparte de Caracas, figura Valencia, también venezolana.

El informe destaca que son múltiples las causas de esta violencia contra las personas: “corrupción, débil estado de derecho, narco tráfico y fronteras ‘porosas’ que facilitan la acción de bandas transnacionales”. Paradojalmente, en Venezuela no ha habido conflictos internos como es el caso de Colombia, Nicaragua y El Salvador. De estos conflictos queda siempre un remanente de armas en la población civil, lo que contribuye a una alta tasa de delincuencia. No es el caso venezolano… por ahora. La decisión del gobierno de autorizar al ejército para usar armas de fuego en el control de manifestaciones y reuniones públicas puede cambiar las cosas.

Rocío Sanmiguel, presidenta de la organización Control Ciudadano, calificó la decisión como precipitada e inconstitucional. “Los aspectos positivos que incluye [la resolución] quedan opacados frente al uso mortal de la fuerza”, escribió en Twitter..

No es el único motivo de incertidumbre.

La reciente visita de tres ex presidentes latinoamericanos (incluido Sebastián Piñera) ocupó transitoriamente los titulares principales de los medios de comunicación. Pero el jueves pasado la noticia principal era otra: las medidas de urgencia del gobierno. El propósito es agilizar los trámites de importación de alimentos y otros bienes prioritarios. Más tarde, la opinión pública debía retornar a la preocupación por la crónica roja.

El motivo: el juicio por el homicidio de la ex miss Venezuela y actriz Mónica Spear y de su esposo Thomas Berry. Hace un año, la ex Miss Venezuela de 2004 y cuarta finalista en el concurso Miss Universo regresaba a Caracas de un viaje de turismo. Su auto sufrió un accidente provocado por una banda delictiva.

Los responsables, ya detenidos, fueron acusados por los cargos de “homicidio intencional, obstrucción en la vía pública, robo agravado en perjuicio de las dos personas que auxiliaron a la pareja y asociación para delinquir”.

Está claro: ese es el problema que debería preocupar a Maduro.

A. S.
Enero de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas