El frustrado mensaje de Trump

La entrevista a Donald Trump realizada por The New York Times el jueves pasado revela, más que cualquier comentario, el sentido que tienen para el presidente de Estados Unidos la verdad y la posverdad. Según una definición que ha intentado la RAE, la posverdad se refiere “a un contexto cultural e histórico en el cual la contrastación empírica y la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma y las emociones que genera a la hora de crear corrientes de opinión pública”. En otras palabras, importan más las convicciones que los hechos objetivos, es decir, que la verdad misma.

Para el periodismo se trata de un desafío crucial. Hasta ahora, solo algunos comentaristas, generalmente no periodistas, como el rector de la UDP Carlos Peña, han sostenido que los comunicadores no están obligados a verificar la verdad de lo que informan. Por el contrario, tradicionalmente se reconoce que el periodismo no puede garantizar la verdad de las noticias, pero que debe hacer un esfuerzo responsable por llegar a ella.

Aunque no es periodista, desde antes de su llegada a la Casa Blanca Donald Trump se mostró como un maestro del manejo de las aseveraciones no verificadas: en otras palabras, ha sido un verdadero genio de la posverdad o post-truth.

El ejemplo más reciente es el de la entrevista de la semana pasada.

Recuérdese que Trump estaba hablando con The New York Times, uno de sus más tenaces críticos, al cual ha denostado repetidamente. Pero en sus afirmaciones en la entrevista se mostró casi ingenuo, poniendo en evidencia su convicción de que lo que importa es lo que él cree sin importar las eventuales consecuencias de sus dichos. Por ejemplo, reconoció paladinamente que no habría nombrado Fiscal General a Jeff Sessions, quien se recusó a sí mismo haciéndose a un lado en la investigación sobre los eventuales vínculos de la campaña de Trump con el gobierno ruso. En sus palabras, Trump calificó lo ocurrido como “muy injusto con el presidente”. Aseguró que hizo el nombramiento porque creía que Sessions era un incondicional. En ese caso, dijo al diario, “nunca debió recusarse y si iba a hacerlo, debó decírmelo antes y yo habría designado a otra persona”.

En otro momento, en la misma entrevista, Trump insistió en que él no está bajo investigación. “No creo que estemos bajo investigación. No estoy bajo investigación. ¿Por qué? No he hecho nada malo”.

Lo mismo planteó cuando se le hizo ver que su hijo se había reunido con un personaje ruso que le habría ofrecido información incriminatoria acerca de su rival, Hillary Clinton. Trump lo negó. Y agregó algo más: que no necesitaba dicho material porque él tenía “mucho más”.

Según el diario, Trump no dejó dudas acerca de que la investigación sobre la conexión rusa es algo que lo molesta: “Su resentimiento con Sessions, en particular, estaba vivo meses después de la recusación del fiscal general. Sessions fue el primer senador que apoyó su candidatura y fue premiado con un cargo clave en el gabinete”. Pero es evidente que se ha alejado del presidente. Después de conocida la entrevista, el fiscal insistió en que “servir en este cargo es un honor… y continuaré en él todo el tiempo que crea apropiado”.

Si Trump quería precipitar su renuncia, no lo logró.

A. S.
Julio de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas