El áspero estilo de Trump

Según The New York Times, la del jueves en la noche era la mejor oportunidad de Donald Trump para dejar su caricatura en el olvido. “No lo hizo”. En cambio, en un discurso de una hora y cuarto -el más extenso desde los tiempos de Richard Nixon- se auto-posicionó como la única alternativa ante el caos. Reafirmó igualmente su convicción de que es capaz de resolver todos los problemas de la noche a la mañana.

Los cuatro días de la Convención Republicana en Cleveland no le resultaron fáciles. Al comienzo un número considerable de asistentes se manifestó furiosamente en su contra. Querían cambiar las reglas del juego a fin de liberar a los delegados de todo compromiso con su candidatura.

Tampoco tuvo un buen apoyo en su esposa, Melania, una ex modelo y diseñadora de joyas y relojes. nacida en Eslovenia hace 46 años. A ella le correspondía fijar el marco de referencia del proceso de consagración de su marido. En un esfuerzo de marketing, en el primer momento se enfatizó que el discurso lo había escrito sin ayuda. Pero pronto se hizo evidente que había párrafos enteros copiados de una pieza oratorio de la actual primera dama, Michele Obama. Finalmente apareció la verdadera autora. Meredith McIver, su asesora, admitió su culpa y dijo que se trataba de un error suyo. Ofreció renunciar pero Trump, en un gesto poco habitual considerando su carácter, rechazó la dimisión.

Nada de esto pareció hacer mella en el candidato. Pero se siguieron acumulando problemas: el miércoles el senador de Texas, Ted Cruz, quien perdió la batalla por la candidatura, habló en la Convención pero eludió darle su apoyo explícito.

Para cualquier candidato, la prueba de fuego era el mensaje de cierre, el jueves. Trump, por cierto, optó por hacerlo según su poco ortodoxo estilo: fiel a su polémica estrategia populista, reiteró lo que había dicho en la campaña aunque no dudó en exacerbar las consignas extremistas.

No fueron novedosos sus duros ataques a su segura rival, Hillary Clinton. Tampoco fue novedosa la enumeración de los supuestos beneficiosos de sus promesas: rebaja de impuestos, construcción de un muro en la frontera con México y hacer pagar a sus aliados todo apoyo bélico externo. “Cada día, dijo, me despierto determinado a asegurarle una mejor vida a la gente a lo largo de toda nuestra nación que ha sido descuidada, ignorada y abandonada”.

Lapidaria, el vicepresidente del Cato Institute, John Samples, resumió su impresión: “No hay nada (nuevo) detrás de todo eso. Tampoco ha asumido la responsabilidad de nada de lo que ha dicho, así que no se sabe cómo será su mandato”.

Así las cosas, la mayoría de los comentaristas cree poco probable que obtenga el triunfo en noviembre. Pero ya sabemos que en política -tanto en Chile como en Estados Unidos- nada es seguro. Todo puede suceder.

A. S.
Julio de 2016
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas