Tropezón inminente

 

El dicho popular es dolorosamente claro: el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Aunque no está fehacientemente demostrado, se atribuye esta contundente frase al sabio Albert Einstein.

Lo que nadie ha podido probar es si algunos genios militares la conocieron alguna vez. Abundan los ejemplos negativos. El peor, sin duda, lo proporciona la política de Estados Unidos que ha intervenido una y otra vez en conflictos alrededor del mundo y no parece haber sacado lección alguna. El objetivo ahora es Siria.

Washington mandó tropas a Corea en 1952 y en la misma década relevó a Francia en Indochina (Vietnam); después envió sus fuerzas armadas a diversos continentes (América Latina, Asia y África) y en este siglo ha tratado de resolver manu militari los problemas de Afganistán e Irak, sin lograrlo. En ningún caso ha podido cantar victoria pese a que ha pagado un costo enorme en recursos y en vidas humanas. Sin embargo, está intentando resolver la larga crisis en Siria por la misma vía.

En Irak, donde ya había fracasado su padre, el presidente George W. Bush argumentó que Sadam Hussein disponía de armas de destrucción masiva. Persistió pese a las muchas advertencias de que la información era falsa. Desembarcó en Irak, derribó el régimen y capturó e hizo ajusticiar a Sadam. No pudo confirmar la existencia de las armas. La vida en Irak nunca volvió a gozar de la precaria tranquilidad que tenía bajo Sadam Hussein. Lo mismo ya había ocurrido en Afganistán; luego del atentado contra las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001, Bush padre desató las furias de la guerra moderna contra el régimen talibán. Logró su caída, impuso en Kabul un gobierno de dudosa legitimidad democrática pero no erradicó la violencia. El ataque contra Gaddafi, en Libia, tampoco puede proclamarse como un éxito.

Si nos remontamos más atrás en la historia, vemos que la intervención en Corea no impidió la consolidación de dos regímenes, uno de los cuales, el del norte, tiene hasta hoy en vilo a la humanidad con su poderío nuclear. Vietnam es un caso distinto: está convertido en un país con una próspera economía, pero que se reunificó bajo la bandera comunista del norte, tras una heroica y sangrienta resistencia.

¿Hay alguna razón para creer que una aventura armada en Siria podría tener mejores resultados?

La motivación humanitaria es encomiable: el régimen de Al Assad ha cobrado miles de vidas civiles, incluyendo jóvenes y niños. Se asegura que se está empleando armas químicas pero no se ha demostrado quién las usa: podrían ser los rebeldes. Adicionalmente, por justa que sea su causa, dichos rebeldes la han empañado con derroches de crueldad.

En esta coyuntura no han faltado las voces moderadas. Un ex Primer Ministro francés, Francois Fillon podría resumirlas todas: “La única salida para Siria es una reunión en Ginebra organizada por Naciones Unidas. La única forma de terminar con los combates es lograr que los rusos obliguen a Al Assad a sentarse a negociar”.

Ese, sin embargo, no parece ser el camino de Barack Obama.

 

A. S.
Septiembre de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas