Vacuna de la discordia

 

Cuesta entender el proceso que llevó al Congreso a aprobar la ley que prohíbe el uso de vacunas con timerosal.

Ha sido resultado de un sorprendente ejercicio de transversalidad y de cuatro años de tramitación en que hablaron todos los sectores pero solo se escuchó a uno. No se tomaron en cuenta voces de especialistas nacionales e internacionales y se impusieron unilateralmente los temores de padres de niños autistas y las “redes sociales”.

Sería torpe creer que todo se basa en la casi imperceptible, pero fundamental diferencia entre el “etilmercurio” y el “metilmercurio”. Pero su desconocimiento explica el rechazo del timerosal. Lo grave es que así se pone en riesgo una política de vacunación que permitió disminuir la mortalidad infantil.

Actualmente existe el llamado Programa Ampliado de Inmunizaciones. “Entre sus logros más destacados, señala el Ministerio de Salud, se encuentran la erradicación de la Viruela (1950), de la Poliomielitis (1975) y la eliminación del Sarampión (1992)”. Hoy día son quince las enfermedades incluidas en el programa. La gran mayoría de ellas usa el timerosal como preservante.

El proyecto de ley ya terminó su trámite parlamentario y por lo tanto sólo puede modificarse mediante un veto presidencial. Ya lo anunció el ministro Jaime Mañalich, quien no vaciló en denunciar una “campaña del terror” en torno al timerosal: “A mí no me cabe ninguna duda que esta ley hay que vetarla” dijo.

El debate, sin embargo, no está cerrado,

Por una parte se esgrimen rotundas opiniones desde la Sociedad de Infectología de Chile hasta la Organización Mundial de la Salud.

Explica la OMS: “Los problemas teóricos sobre la seguridad del timerosal que se plantearon a finales de los años noventa se basaron en un cálculo según el cual la cantidad de mercurio que se acumularía en virtud de la aplicación de los calendarios vacunales infantiles podría ser superior al límite recomendado para el metilmercurio por un organismo estatal de los Estados Unidos de América (EE.UU.). Sin embargo, el timerosal no contiene metilmercurio, sino etilmercurio, y estos dos compuestos son muy diferentes”.

El movimiento contra el timerosal se produjo a partir de un estudio en EE.UU. que estableció una posible relación entre su uso y el autismo. Fue lo que movió al presidente y al vicepresidente de la Corporación de Bioautismo, Francisco Miguieles y Alvaro Peñaloza, a encabezar la campaña en nuestro país.

Pese a que en el Congreso se escucharon influyentes voces en contra el proyecto, este recorrió todas las etapas necesarias hasta convertirse en ley. El argumento de sus impulsores es que no está demostrada la inocuidad del compuesto. El senador Guido Girardi insiste en que "en salud hay que demostrar que el producto es inocuo como principio precautorio y hoy no se puede afirmar que el timerosal produce autismo, pero tampoco científicamente se puede afirmar que el timerosal no lo produce, y en salud, frente a la duda, hay que abstenerse".

Aprobada la ley, prácticamente solo en ese momento se activó un debate que debió hacerse mucho antes. “Típico”, como decía una comentarista años atrás.

 

A. S.
Enero de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas