Citas Textuales

La libertad económica ha sido más importante que la equidad y la igualdad

Chile ha sido uno de los países donde se ha aplicado con mayor rigidez y ortodoxia un modelo de desarrollo excesivamente centrado en los aspectos económicos y en el lucro. Se aceptaron ciertos criterios sin poner atención a consecuencias que hoy son rechazadas a lo ancho y largo del mundo, puesto que han sido causa de tensiones y desigualdades escandalosas entre ricos y pobres.

Por promover casi exclusivamente el desarrollo económico, se han desatendido realidades y silenciado demandas que son esenciales para una vida humana feliz. La tarea central de los gobiernos parece ser el crecimiento financiero y productivo para llegar al tan anhelado desarrollo. Tal vez hemos tenido la ilusión de que del mero desarrollo económico se desprenderían en cascada por rebase todos los bienes sociales y humanos necesarios para la vida. Ese modelo ha privilegiado de manera descompensada la centralidad del mercado, extendiéndola a todos los niveles de la vida personal y social. La libertad económica ha sido más importante que la equidad y la igualdad. La competitividad ha sido más promovida que la solidaridad social y ha llegado a ser el eje de todos los éxitos. Se ha pretendido corregir el mercado con bonos y ayudas directas descuidando la justicia y equidad en los sueldos, que es el modo de dar reconocimiento adecuado al trabajo y dignidad a los más desposeídos. Hoy escandalosamente hay en nuestro país muchos que trabajan y, sin embargo, son pobres.

Movidos por motivos aparentemente razonables, propios de un desarrollo económico acelerado, se postergan medidas que retardan hasta lo inaceptable una mejor distribución y una mayor integración social. Esto se da, por ejemplo, en la dificultad de revisar el sistema impositivo. El argumento de que un cambio retrasaría el crecimiento puede ser falaz, porque un paso más lento puede conseguir que nuestro andar sea más seguro y sustentable para llegar a la meta de ser un país genuinamente desarrollado y en paz.

Todo esto ha llevado a las Naciones Unidas a desarrollar un programa sobre el desarrollo humano (PNUD) que va más allá de lo económico y se preocupa también de la felicidad de los pueblos. Ahí se constata que la dimensión económica es importante pero por sí sola no basta.

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En un país marcado por profundas desigualdades resulta extremadamente injusto poner al mercado como centro de asignación de todos los recursos, porque de partida participamos en ese mercado con desigualdades flagrantes. El barrio en que vivimos, el colegio y la universidad en que estudiamos, las redes sociales que tenemos, el apellido que heredamos, distorsionan radicalmente lo que en teoría debería ser un escenario donde todos tengamos las mismas oportunidades. La partida desigual y la competencia descontrolada no hacen sino ampliar la brecha cuando se llega a la meta. El resultado final es que nos encontramos en un país marcado por la inequidad.

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En este contexto social, el “lucro” desrregulado, que adquiere connotaciones de usura, aparece como la raíz misma de la iniquidad, de la voracidad, del abuso, de la corrupción y en cierto modo del desgobierno.

No es extraño que esta concepción marque profundamente la educación, uno de los ámbitos de nuestra sociedad donde se manifiesta más claramente la inequidad. La amplia cobertura alcanzada por nuestro país en este campo ha puesto sobre el tapete las diferencias infranqueables en calidad. Por eso mismo, la educación es el ámbito donde el "lucro" es rechazado con mayor vehemencia. No podemos, sin embargo, tranquilizar la conciencia centrándonos sólo en el lucro o echándole la culpa de los males a la calidad de los profesores, que ciertamente tiene que mejorar. La más elemental honradez y justicia nos obliga a ir más a fondo en el análisis hasta llegar a la raíz del problema.

Preocupa que en nuestras universidades la formación de las élites esté centrada en su aporte a la productividad y en la eficiencia económica, y no en el sentido ético y en la preocupación por la calidad de la existencia humana. En la actual cultura se hace indispensable repensar al ser humano y su destino para que él pueda desempeñar su papel como sujeto de la historia y como destinatario del progreso, dando espacio al sentido más profundo de la vida humana.

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Si Chile quiere responder al desafío presente tiene que ampliar su mirada y enfrentar su sistema político, su sistema educativo, su sistema económico y su concepto de desarrollo con una visión de conjunto como proyecto de país. Tenemos que integrarnos en la globalización sin perder nuestra identidad y nuestra alma. Debemos revisar profundamente los valores que determinan nuestras decisiones y nuestro modo de vivir. Sin perder los avances alcanzados con tantos sacrificios, es fundamental que reflexionemos entre todos esta situación a fin de realizar pronto y con cordura los cambios necesarios.

Carta Pastoral del Comité Permanente del Episcopado "Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile".


Me hacen pensar!

Pero si efectivamente hay problemas serios en nosotros, los más de 13 millones de potenciales electores, que no se crean muchos candidatos que pueden hacer lo que quieran para despertarnos o hacernos pensar.

Gonzalo Rojas en su columna de El Mercurio http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2012/10/03/candidatos-ya-pues.asp reclamando que es tan malo que lo despierten a media noche con los fuegos artificiales que dieron inicio a la campaña de Zalaquet, como que el argumento a favor de la unión no matrimonial de Josefa Errázuriz, que lo "hace pensar".