Santa indignación

Pese a ser un paradigma de la mansedumbre, el Jesús que aparece en el Evangelio no tiene sangre de horchata. Hay varios episodios en que se muestra indignado y lo manifiesta claramente. El más recordado -aunque no es el único- es el momento en que expulsa del templo a los mercaderes: cambistas y vendedores de palomas.

Según san Marcos, Jesús les recordó que está escrito que “mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones, pero ustedes la han hecho cueva de ladrones”. Agrega que a los sacerdotes y escribas no le podía gustar lo ocurrido….pero le tenían miedo, “pues toda la multitud estaba admirada de su enseñanza”.

Enseñanza que nadie en el recién inaugurado Memorial de las torres gemelas en Nueva York parece haber tenido en cuenta.

Para indignación y molestia de los parientes de las víctimas, en la construcción destinada mantener el recuerdo de los más de tres mil fallecidos el 11 de septiembre de 2001, se mezclan la veneración y el mercantilismo. Hay una cafetería –algo frecuente en lugares de este tipo- y también un local de venta de recuerdos.

Fue este último el que encendió los fuegos de la ira.

¿La razón? Entre los artículos en venta están los clásicos jarros de porcelana (US$ 12.90), poleras (US$ 22.00) con el lema: “Honor, recuerdo, unión” y bufandas (US$ 39.00) con la imagen de las dos torres antes de su destrucción, cobertores para perros y carros de bomberos de juguete, pinches para el pelo y pulseras, perros de peluche y llaveros. Además, algo macabro: estuches para celulares, quemados y ennegrecidos como si fueran parte del material rescatado de los escombros. "La pequeña tienda de los horrores", tituló en primera página el diario New York Post.

El lugar es, como dijo el Presidente Obama al inaugurarlo, “un lugar sagrado”, ya que allí se llevaron restos humanos que fue imposible identificar. Ahora están en una sala privada. En el museo se exponen los restos de un carro de bomberos, una estructura metálica de la fachada de una de las torres y los motores de un ascensor. Ver la exhibición cuesta 24 dólares lo cual también ha gatillado duras reacciones.

Comentó CNN, “algunos familiares afirman que se está lucrando con la muerte y que se debería ser más sensible con lo que se pone a la venta”.

Están haciendo negocios con los restos de mi hijo” protestó el neoyorquino Jim Riches. Su hijo Jimmy, un bombero, pereció en la catástrofe. Jim padre dijo a la prensa que no visitará el museo mientras estén allí esos restos humanos.

Desgraciadamente no hay cómo conocer “en vivo y en directo” la opinión de Jesús.

A. S.
Mayo de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas