En campaña para 2017

 

Como “un marido obediente”, el Presidente Piñera se ufanó de hacerle caso al llamado de su esposa a no pensar en una nueva candidatura en 2017. Pero no cerró la puerta.

Desde que Arturo Alessandri definió La Moneda como “la casa donde tanto se sufre”, a muchos chilenos les parece raro que alguien quiera volver a la sede presidencial. Pero es indudable que su fascinación es inescapable: el propio Arturo Alessandri volvió tras ser obligado por el “ruido de sables” a salir temporalmente del país en 1924. Regresó, impulsó la Constitución de 1925 y finalmente renunció antes de completar el período. Reelegido en 1932, esta vez si enteró seis años en el poder.

El suyo es un caso poco frecuente. Pero no único. Más tarde el capitán general Augusto Pinochet ocupó por 16 años y medio el sillón presidencial. No pudo cumplir un período más debido a su derrota en el plebiscito de 1988.

Hay más ejemplos. Ha habido Presidentes que han intentado la reelección sin éxito. Y en el recuerdo histórico, destacan los “decenios” del siglo XIX cuando sucesivamente tres mandatarios fueron elegidos por cinco años y reelegidos a continuación por otros cinco.

En ninguno de esos casos la pulsión parece haber sido tan evidente como ahora. Es que nunca hubo una demostración tan categórica de que el poder entrega satisfacciones que el dinero no puede comprar: citas internacionales del más alto nivel, menciones y entrevistas en medios de circulación mundial; ubicación en primera fila desde el rescate de los mineros al derecho a butacas privilegiadas en la Gala del Municipal y el Festival de Viña. Al Presidente Piñera se le ha visto haciendo uso de instalaciones infantiles y manejando pesadas retroexcavadoras, siempre sonriente pese a algunos tropiezos y tropezones. Instalado en el poder, se ha codeado con los grandes de nuestro tiempo, incluyendo al Papa. Fue el único que tuvo la insólita posibilidad de fotografiarse en el sillón de Obama en la Casa Blanca.

Se comenta –porque así se le ve- que goza como niño con juguete nuevo, sin importar las críticas, a veces feroces, por romper estrictas normas de protocolo o de seguridad personal.

Por supuesto, ninguna de estas satisfacciones justifica por si sola una eventual nueva candidatura. El trasfondo es, sin duda, una íntima convicción de que ha hecho bien “la pega”. Por eso la queja de que sus índices de popularidad no son tan satisfactorios como quisiera. Por eso la insistencia en demostrar que su papel de antecedentes está limpio, en especial en relación al régimen militar y los crímenes de la dictadura. Por eso el esfuerzo sistemático de dejar un buen recuerdo.

Es la explicación, por ejemplo, de que se haya preparado cuidadosamente para bailar la cueca en el Parque O’Higgins; de que se muestre en público jugando con sus nietos, de que no vacile en apoderarse del micrófono de un periodista en La Moneda o que anuncie que va a estudiar la privilegiada situación de los condenados en Punta Peuco y el Penal Cordillera.

Si tiene éxito en este empeño, solo se sabrá más adelante. Probablemente en la campaña presidencial de 2017.

 

A. S.
Septiembre de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas