REPORTAJE

Constitución: Después de dos años, hay decepción en las “aldeas”

Se ha avanzado mucho en materia de reconstrucción, pero muchos pobladores vivirán un tercer invierno en refugios provisorios.

A las siete de la tarde, en el “café-bar” Rapa-Nui la vida es intensa: parejas jóvenes y sus amigos hacen planes para la noche o el día siguiente; parejas mayores se distraen con el movimiento en la Plaza de Armas de Constitución, al otro lado de la calle. En este ambiente típicamente veraniego, no faltan en la semana los hombres de mediana edad, más interesados en los negocios que en las frivolidades propias de las vacaciones.

En el Rapa-Nui, habilitado para fumadores y por lo tanto (no siempre) sin niños, es fácil olvidarse del terremoto y del tsunami. No han pasado dos años todavía y un visitante desprevenido podría creer que todo está superado. Pero no es así. Basta salir a la vereda para darse cuenta de que el 27-F fue más que una mala pesadilla. Un poco más lejos, abundan los sitios vacíos, pero en el centro de Constitución hay pocos escombros a la vista. Las calles se ven limpias, ayudadas por el viento de la tarde. En cambio las veredas –sobre todo las veredas- todavía muestran sus heridas.

A la orilla del Maule, dos o tres cuadras más allá, la huella de la catástrofe es doble.

Aquí se sumaron el terremoto y el tsunami. En la Poza, descrita con entusiasmo por escritores (“Playa Negra”, de Luis Orrego Luco), historiadores y cronistas (Santos Tornero afirmaba en 1872 que era “el paseo favorito de los huéspedes en el verano”), no hay turistas, sólo sobrevientes. Como mudo reproche siguen en pie las ruinas de las casas. En una se lee un mensaje de aliento que no espera respuesta: “Familia XX. Todos bien”. Es una vivienda vacía, sin techo, sin ventanas… sin gente.

En muchos sectores cuesta caminar o pasar en auto. Varias calles, empezando por Echeverría, junto al río, están cerradas. El acceso a la tradicional hosteria, que resistió las olas gigantes, no es fácil. Los vecinos se quejan porque las labores se interrumpen los fines de semana.

Visiones positivas

Las autoridades prefieren ver el lado lleno de la botella. El periódico Zona Cero destaca la visita a fines de enero de dos ministros: “(Rodrigo) Pérez Mackenna y (Pablo) Longueira entregan 112 viviendas en Constitución y visitan gastronomía de la costa”. Una línea debajo del titular aclara que “se trata de viviendas sin costo para los beneficiados”. También se inauguró la señalética que indica vías de escape en caso de tsunami.

Días después, el coordinador nacional de Aldeas y Campamentos del Gobierno, Felipe Kast, expuso la posibilidad de optar al subsidio de arrendamiento, “cuya finalidad es lograr que la mayor cantidad de damnificados sean movilizados de los asentamientos y reducir el número de personas que tengan que pasar un tercer invierno en mediaguas”.

Según la versión del diario El Centro, Kast ofreció que “para aquellas aldeas que no van a recibir sus viviendas definitivas antes del invierno, estamos dando esta alternativa... Estamos conformes porque hemos tenido una buena recepción…”.

De manera contradictoria, apenas unos días después, se consignó que la fórmula no era aceptada por todos. “Preferimos una solución definitiva y no tener que andar de un lugar a otro”, explicó una dueña de casa.

Con menos contemplaciones, Pablo Díaz, dirigente de los damnificados, tiene críticas. En la TV local anunció que el segundo aniversario de la catástrofe se conmemorará con protestas (“una manifestación pacífica”, subrayó) y con una jornada de reflexión. Confía en que no aparezcan autoridades que solo “vengan a lucirse”.

Algo parecido reitera uno de los boteros que ofrecen paseos por el Maule. El y su familia salvaron con vida. Pero perdió la embarcación. Agradece el gesto de quienes, al enterarse, le consiguieron un nuevo bote. Su opinión sobre la labor del gobierno es negativa: “Mala”, dice.

“Un ejemplo”

Hay también voces entusiastas.

El ministro Longueira, al explicar su visita junto a su colega de Vivienda, señaló a El Centro :

Estamos recorriendo todas las obras que se están haciendo para la reconstrucción. La verdad es que he quedado profundamente impactado, no solamente por la prontitud con que se están inaugurando las obras, sino que también la calidad de ellas… Chile será recordado por la prontitud y calidad con que salió de unos de los aspectos de la naturaleza más devastadores que ha tenido esta comunidad. Es un ejemplo a nivel internacional”.

El esfuerzo, informó en enero en El Mercurio la periodista Soledad Díaz, es contundente:

Será otra cara. No se trata de un proyecto en particular. Tampoco son varias iniciativas aisladas. Es una serie de nuevas edificaciones que entregan una solución para la reconstrucción de uno de los lugares más afectados por el terremoto y tsunami del 2010. Constitución… comienza a levantarse gracias al Plan de Reconstrucción Sustentable (PRES) de esa ciudad, que ya tiene varias obras en desarrollo y que acaba de dar el vamos a una inédita alianza pública-privada en la que cinco bancos del país se suman al Ministerio de Hacienda apoyando financieramente igual número de proyectos. A la reposición del Centro Cívico aportará el Banco de Chile; a los zócalos turísticos y ciclovías, el Banco Santander; a la Biblioteca, el Banco Itaú; al Muelle Náutico, el Banco Security; y finalmente el Teatro Municipal, será apoyado por BCI, todos bajo el concepto ‘Unidos reconstruimos Chile’”.

Se necesita mucha unión. En una ciudad donde casi no hay grafiteros en acción, manos desconocidas rasgaron los paneles colocados en la plaza en que se explicita este conjunto de proyectos. Son la excepción. Para el visitante, la mirada local es siempre acogedora. Los participantes argentinos y paraguayos que dieron vida, junto a intérpretes locales, al 17° encuentro internacional del folclor el último fin de semana de enero, coincidieron en destacar el cariño sin reservas del público.

Es algo que probablemente repetirán una y otra vez los artistas que se presentarán en un intenso programa veraniego organizado por la Municipalidad: La “Noche del Recuerdo” (Palmenia Pizarro y José Alfredo Fuentes); “Show Juvenil” (Sexual Democracia, Sinergia); “Día de los Enamorados” (Buddy Richard y otros); “Festival Mexicano: Los Cisnes de Putú”, en Putú; “Fogata show”. Antes hubo un Festival Gastronómico a lleno completo y una muestra de la Agrupación de Pintores del Maule.

Es evidente que las autoridades locales se preocupan por ayudar a los habitantes de la ciudad a superar los malos recuerdos. Pero hay grandes frustraciones personales.

Una explicación que requiere más estudio se podría encontrar en el alma misma del gobierno del Presidente Piñera: sus colaboradores –léanse ministros y otros funcionarios- tienen más capacidad de entendimiento con las empresas que con las personas individuales.

Ante la destrucción, el diagnóstico no era difícil, pero el problema consistía en determinar por dónde empezar. Al parecer fue más fácil emprender obras de magnitud que darle respuesta personalizada o, por lo menos, techo a cada damnificado. Es una queja que se repite desde el Bío-Bío hasta las orillas del Mapocho (Villas Olímpica y Diego Portales, en Santiago).

Este aniversario muestra que los caminos están reconstruidos, algunos proyectos que se podría calificar de “emblemáticos”, como las instalaciones para los pescadores de las caletas del Maule, están terminados… pero no siempre ocupados ya que se alega falta de capacidad de managment.

Una luminosa excepción es el restaurante de Duao, de hermoso diseño y excelente comida. Pero hay pobladores que se preparan para un tercer invierno en condiciones precarias. Que se hable de “aldeas”, eufemismo que reemplazó a los “campamentos”, no ayuda mucho en términos prácticos.

La épica de los faluchos

Constitución tiene una historia de más de dos siglos marcada por esperanzas y frustraciones. En la actualidad vive en torno a la planta de Celco. Hay sectores ecologistas que nunca han aprobado su instalación junto al cerro Mutrún, en la ruta hacia las playas, Piedra de la Iglesia incluída, pero es la gran fuente de trabajo. Después del terremoto se temió que dejara de funcionar. No ocurrió así, no se produjo cesantía, y sigue en actividad.

Hace más de dos siglos, Santiago Oñaderra descubrió este lugar junto a la desembocadura del Maule. Le pareció que era una ubicación adecuada para instalar un astillero. En 1794 la Villa de Nueva Bilbao de Gardoqui (por la ciudad natal de Oñaderra) se convirtió oficialmente, gracias a Ambrosio O’Higgins, en ciudad. La producción de naves, principalmente los “faluchos” maulinos, fue fuente de trabajo, generó riqueza y, sobre todo, comprometió a los habitantes del puerto en una aventura con contornos épicos.

Así lo han consignado diversos autores, incluyendo al novelista Leoncio Guerrero, con una orientación más social y menos aristocrática que el ya mencionado Orrego Luco. La suya es una historia del siglo XX, protagonizada por un “guanay”, nombre que recibían los tripulantes de los botes que bajaban por el río hasta la ciudad. No solo remaban sino, si era el caso, arrastraban la nave con cuerdas cuando el agua era insuficiente para la flotación.

La esperanza era el puerto.

Cuando se la rebautizó en homenaje a la Carta Fundamental de 1828, también de la designó como “Puerto Mayor”. Pero eran más las ganas que las posibilidades. No existían instalaciones adecuadas, pero en el siglo XIX y parte del XX, se registró abundante movimiento. Pese al riesgo, era más práctico llegar por mar que intentar la laboriosa jornada por tierra desde Talca. Uno de los personajes de “Playa Negra” es precisamente un ingeniero francés enviado a hacer el trabajo previo de sondeo para la construcción del puerto.

Orrego Luco sitúa su relato en 1876. Pocos años antes, Santos Tornero, en “Chile Ilustrado” había celebrado con entusiasmo la idea:

Constitución, por su posición geográfica, está llamada a desempeñar un papel harto importante en el movimiento comercial de la República. El Maule es como la gran arteria por donde circulan los gérmenes de progreso que harán un día de ese puerto el digno rival de San Francico de California”.

El entusiasmo era general. El historiador local Jaime González Colville advierte, sin embargo, que hubo alguna exageración. “Los maulinos, quizá, sobredimensionaron las consecuencias que podría tener el puerto en el desarrollo local. Desde luego pretendían convertirse en un polo de desarrollo agrícola y en punto de encuentro y de exportación de la producción de la zona. Además, suponían que ello acarraría el auge de la industria de los astilleros, que por esos días veían mermadas sus peticiones de nuevas embarcaciones”.

En efecto, el puerto –pese a las sucesivas gestiones realizadas durante varias décadas, no prosperó. El golpe definitivo se inició con “la crisis de la lenteja”.

El problema permanente era la arena que arrastra el río en su largo curso desde la Laguna del Maule, en la cordillera. Todos los relatos hacer ver el embancamiento que a veces obligaba a esperas de días a las naves que querían salir o entrar al río.

Como complemento de las obras del puerto, los habitantes de Constitución pusieron sus esperanzas en el tren que debía venir desde Talca. Como ha recordado González Colville, en 1892 se completó la línea hasta el kilómetro 29, en la estación de Curtiduría. Solo en 1909, el tren llegó frente a Constitución, obligando por unos años a hacer el cruce del río por lancha.

Al sueño del puerto empezaba a reemplazarlo una nueva esperanza: convertir a Constitución en un gran balneario moderno. Se levantaron hoteles, se habilitaron playas y paseos, incluso se puso en funcionamiento un recorrido de tranvías “de sangre” y se inauguró una tradición de carnavales.

Destino turístico

En la década de 1920 se concretaron diversos proyectos.

Fueron varios los residentes ilustres que hicieron su mejor aporte, entre ellos Enrique Donn, un alemán que se había avecindado en Constitución en 1867. Según destaca Virgilio Figueroa en su perfil en el “Diccionario Histórico...”, Donn hizo fortuna con un astillero y el cabotaje hasta Valparaíso. En 1877 estuvo a punto de perder la vida al ser sorprendido “por la avenida más grande de que se guarda recuerdo”, dice Figueroa. Se salvó encallando la nave, la Guayaurú, en la Poza.

De esta casi catástrofe, agrega este autor, surgió la nueva orientación de su vida. Donn se convirtió en un mecenas, cuya obra todavía se recuerda en la Alameda que lleva su nombre, continuación de la calle Portales; en el estadio local, y en el quiosco de la Plaza de Armas. Otras iniciativas, como el Teatro Donn, el embaldosado de calles y el pavimento con macadam, no resistieron tanto tiempo. Pero sus varias obras y la hermosa alameda, que culmina en el más reciente Jardín Japonés, lo han salvado del olvido.

Aunque no se ha repuesto del todo tras el terremoto y el tsunami y difícilmente va a renunciar a la industria forestal, Constitución sigue teniendo un sólido futuro como balneario y destino turístico. Sus principales atractivos son las hermosas y extensas playas de arena negra, las sorprendentes formaciones rocosas (La Piedra de la Iglesia es el símbolo de la ciudad), declaradas Santuario de la Naturaleza, y la notable gastronomía maulina.

Pero, sobre todo, su mejor capital es la acogedora calidez de su gente. Aparte del Rapa-Nui hay decenas de locales donde se puede apreciar, sin reservas, la misma calidad humana.

A. S.
Febrero 2012