Recuerdos de Raquel

 

Raquel Correa no fue la primera periodista chilena. A lo largo de nuestra historia cientos de profesionales han configurado una valiosa constelación con enorme vocación, excelente pluma y gran capacidad de sacrificio. Lo que la hacía distinta aparte de sus cualidades profesionales y humanas era su insobornable independencia.

Nos conocimos al momento de nuestra admisión de la entonces flamante escuela de periodismo (edificio nuevo incluido) de la Universidad de Chile, al lado del Pedagógico. Nos constituimos en una generación de “vendedores de sol”, según dictaminó el colega y luego profesor Alejandro Cabrera. Veníamos contagiados por los periodistas de la vieja guardia cuyo sueño era dignificar la profesión. Esa esperanza se materializó en la creación de las Escuelas y el Colegio de Periodistas. Chile, país democrático aunque con deficiencias, creía que los periodistas eran indispensables en la construcción del futuro.

Pero, en pocos años, luego de la “década prodigiosa” de los 60, la realidad nos obligó a aterrizar brutalmente. La dictadura nos hizo atravesar por el oscuro túnel de las restricciones. Hay que reconocer que una mayoría conservó el entusiasmo y el impulso. Raquel, fieramente independiente, estuvo entre esos hombres y mujeres que dieron sin descanso una dura batalla por la libertad de expresión.

Hay consenso que fue una de las más brillantes entrevistadoras, parte de una generación de mujeres de todo signo político, conocidas por su capacidad de sacar verdades profundas y detalles reveladoras. Pero hay que decir que no fue lo único que la caracterizó: realizaba su tarea de manera exhaustiva, como me consta en los años en que compartimos labores en Vea, el viejo semanario de noticias de policía y de regiones. El inolvidable fotógrafo “Pichanga” Muga nos hizo conocer, entre otros, el periodismo más difícil: el del trabajo sin tregua, así fuera un crimen en Los Andes, un doble fusilamiento de madrugada en la Penitenciaría o un nacimiento múltiple en una maternidad popular.

Más tarde, cerrada esa etapa, se convirtió en la más famosa entrevistadora política de nuestro país. Nunca aflojó su capacidad inquisitiva. Se la ha comparado con Lenka Franulic, de quien fuimos alumnos. También con Oriana Fallaci. Hay algo de eso, pero sobre todo Raquel fue ella misma, con una voluntad forjada en complejas circunstancias personales y profesionales.

Sus encuentros más llamativos fueron sin duda los que sostuvo con el general Pinochet. Pero muchos recuerdan entrevistas como la del dirigente Rafael Cumsille en 1975; su choque frontal con Francisco Javier Errázuriz, o el día en que Ricardo Lagos increpó, dedo en ristre, a Pinochet.

Su fortaleza, que se cultiva poco en nuestros días, era no tratar de caer bien sino hacer rigurosamente bien su trabajo.

A. S.
14 de septiembre de 2012
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas