El “shock” de los privilegios

 

El cuadragésimo aniversario del golpe de estado permitió el conocimiento y reconocimiento de informaciones ocultas hasta ahora en la penumbra. Aunque tardía, esta actitud augura el cierre de una dolorosa etapa de nuestra historia. Como se ha dicho, falta todavía la confesión de los responsables, la entrega de la información de que disponen y su castigo, paso indispensable para la anhelada reconciliación.

Dos situaciones impensables abrieron en los últimos días los ojos de quienes no querían ver. El efecto más importante fue la decisión presidencial de cerrar el Penal Cordillera.

Las desfachatadas declaraciones de Manuel Contreras en TV fueron apenas el comienzo. Su terca negativa a aceptar hechos que ya son verdades judiciales, no lo favoreció en modo alguno. Lo dejó, además, en evidencia delante de sus partidarios e incluso sus propios compañeros de cárcel.

Similar efecto produjo el frustrado homenaje a Miguel Krasnoff. Se sabe que no es la primera vez que el pinochetismo duro lo ensalza. También en su caso hay pruebas judiciales contundentes que él mismo y sus cercanos no quieren aceptar.

Tanto las entrevistas en serie de Contreras como el asado no realizado en honor de Krasnoff, desbordaron el vaso de la paciencia de la opinión pública y del Presidente de la República. Hasta ahora se había tolerado que estos emblemáticos personajes que cumplen condenas por crímenes atroces vivieran en una cárcel de privilegio:

"Los internos se encuentran en buenas condiciones materiales, distribuidos en 5 cabañas que cuentan con servicios higiénicos, duchas, agua caliente, luz natural, buena ventilación, bien equipadas. Se encuentran asistidos por médico, psicólogo, asistente social, tres paramédicos y un kinesiólogo. En caso de emergencia, son trasladados a Hospital Militar. La alimentación es buena, se preparan dietas según el estado de salud cada uno, supervisada por una nutricionista. Tienen acceso a radio, música, televisión, a lectura, actividades deportivas y religiosas", detalló un documento elaborado la fiscal judicial de la Corte de Apelaciones de Santiago María Loreto Gutiérrez.

Aunque los hay, son pocos quienes defienden esta excepcional situación.

Distinto era el panorama cuando se construyeron Punta Peuco y el Penal Cordillera. Entonces las condiciones políticas imponían fuertes limitaciones. Cuando se logró finalmente el procesamiento de la cúpula de la DINA, se debieron negociar las condiciones en que cumplirían las penas. Eran los tiempos en que el inefable general Contreras rechazaba la idea siquiera de ir a la cárcel. No olvidemos que fue detenido después de protagonizar un periplo que comenzó en su fundo en la décima Región y lo llevó a refugiarse brevemente en el hospital Naval de Talcahuano.

En ese tiempo no estaba solo. Voceros civiles y uniformados por igual lo defendían con entusiasmo.

Ahora, cuando se decidió el cierre del recinto donde contaba con tantas comodidades, las cosas han cambiado aunque no por completo. Punta Peuco no es precisamente un penal típico en nuestro país.

 

A. S.
Septiembre de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas