El caballo del Rey

Si no hubiera tenido éxito, el atentado contra el heredero del trono austro-húngaro podría considerarse como una colección de chapucerías de alto nivel. Mal planificado y peor ejecutado, estuvo a punte de fracasar más de una vez: los servicios secretos sabían del intento contra el archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía, pero no lograron capturar a los tres jóvenes servios de “La Mano Negra” que lo llevaron a cabo. La propia víctima fue advertida, pero no quiso echar pie atrás, Y en la hora decisiva, un error del conductor del vehículo oficial puso al archiduque frente a la mira de Gavrilo Princip.

Dos disparos hechos con una pistola FN Browning modelo 1910, cobraron la vida de la pareja. Fue el comienzo de una gran matanza: millones de muertos y heridos en el primer conflicto de alcances planetarios de la historia. Es como el cuento del clavo de la herradura. El caballo de Ricardo III perdió su herrado y como consecuencia el rey perdió el caballo, perdió la batalla de Bosworth y terminó perdiendo el reino en 1485.

Lo de Sarajevo ocurrió hace un siglo: el 28 de junio de 1914.

Los ecos se escucharon en todo el mundo. En el mar de Chile se produjeron choques entre las naves del Kaiser alemán y su Majestad británica. Pero las borrascas peores para Chile se registraron a nivel diplomático.

En un comentario anterior señalamos que los norteamericanos consideraban a los chilenos como partidarios del Imperio alemán. La prueba sería la “acogida eufórica”, en abril de 1914, al Príncipe Enrique, hermano del Kaiser. Un año antes, el ex presidente Theodore Roosevelt fue recibido con marcada frialdad.

El tema no es tan sencillo. Pese a las vicisitudes del comienzo del siglo, los chilenos tenían algunas cosas claras en materia internacional. Una de ellas era la desconfianza frente a la Doctrina Monroe. Por eso, en 1915, la Casa Blanca se empeñó en establecer una estrategia defensiva con los países sudamericanos. Tropezó con la idea de Chile de fortalecer el acuerdo con Argentina y Brasil, el ABC.

También los británicos desconfiaban de la postura chilena. Según escribió Carlos Silva Vildósola en junio de 1915, no lográbamos imaginar “la extensión que ha tomado la idea de que Chile es un país decididamente favorable a la causa alemana”.

Era, tal vez, una anticipación de lo que vendría: la pérdida de competitividad del salitre –provocada por el salitre artificial creado por los alemanes- y la crisis económica que tan duramente nos afectaría al final de la década.

Nada de eso, sin embargo, se podía imaginar hace cien años en este aparentemente apartado rincón del mundo, supuestamente a salvo de cualquier tragedia más allá de nuestras fronteras.

A. S.
Junio de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas