Periodismo en la mira

La crisis venezolana solo prueba que, pese al avance tecnológico en materia de información, los medios tradicionales –en especial los escritos- siguen siendo una poderosa herramienta de defensa del pensamiento democrático. Por eso mismo, se les combate. Nicolás Maduro no ha dejado dudas: “Me van a llamar dictador, pero vamos a endurecer las normas para que se acabe el amarillismo y la propaganda que se alimenta de la sangre y la muerte”. A había apuntado sus dardos contra un canal colombiano. Ahora los dirige contra CNN.

Todos los gobiernos, cualquiera sea su signo o la forma como llegó al poder, consideran casi invariablemente a la prensa libre como una amenaza. Hoy, en Estados Unidos, la divulgación de informaciones obtenidas clandestinamente por los servicios secretos, se considera un peligro para la seguridad nacional. Otras democracias quieren menos denuncias y más “responsabilidad”.

Pero el riesgo para el periodismo no solo proviene de los poderes oficiales. Los regímenes que coartan la labor informativa, suelen coincidir con los hechos y dichos aun más amenazantes formulados por delincuentes y narcotraficantes.

Un comentarista de El País acaba de plantear una dolorosa constatación: después de la primavera democrática de los años 80 y 90 del siglo pasado, “los índices de libertad de prensa latinoamericana… han descendido consistentemente en este siglo”.

Ello casi no afecta a los chilenos, aunque nunca se debe bajar la guardia. Lo que ocurre es que la ley de prensa vigente, a pesar de sus insuficiencias, protege efectivamente la libertad de expresión. Al revés de la legislación anterior, marcada por la sospecha contra los eventuales “abusos de publicidad”.

Pero no es así en otros países.

Lo más grave, según el mismo comentarista de El País, Héctor E. Schamis, es que en las restricciones, en regímenes democráticos, las manejan de manera arbitraria funcionarios de gobierno, verdaderos “comisarios políticos”.

En Argentina, la autoridad tiene al grupo Clarín en la mira. En Venezuela el control de divisas, impide a los periódicos opositores importar papel. En Ecuador, la legislación sanciona a periodistas que investigan a funcionarios públicos. Así ocurrió con una caricatura del humorista Xabier Bonilla. A su colega chileno Hernán Vidal (Hervi), no le pareció bien el enojo del Presidente Correa, que trató a Bonilla de “sicario de tinta y enfermo”…que se disfraza “de caricaturista jocoso para destilar su odio”.

En la vereda del frente las cosas no van mejor. Los periodistas mexicanos sufren el acoso de los narcotraficantes (más de 70 profesionales han sido asesinados en los últimos 12 años) y en Brasil, según recordó Reporteros Sin Fronteras, cinco periodistas fueron asesinados en 2013. En Venezuela, la violencia callejera ha ocultado las protestas de los periodistas. A fines de enero y a mediados de este mes, han salido a la calle con decidoras pancartas: "Agoniza la prensa en Venezuela" y "Sin papel no hay periódicos".

Defienden la libertad de expresión… y también sus puestos de trabajo.

 

Abraham Santibáñez
Presidente del Consejo de Ética de los Medios de Comunicación
18 de Febrero de 2014
Publicado en El Mercurio