No basta con pedir perdón

¿Cómo se explica la hasta ahora prudente reacción del oficialismo frente a la catástrofe de la UDI?

No hay cómo determinarlo con certeza, pero una optimista posibilidad es que se hayan aprendido las lecciones del pasado. Nunca ha sido recomendable hacer leña del árbol caído, pero en este caso es evidente que, recién abiertas las compuertas de las revelaciones, son muchos los candidatos, y dirigentes políticos de todos los sectores, que saben que tienen un tejado frágil.

Es difícil que algún candidato, partido o conglomerados, pueda superar la marca de la dupla UDI-Penta. Inicialmente, ante los primeros trascendidos, se respondió con una soberbia que recuerda los peores episodios protagonizados por la derecha desde antes de la cédula única. La capacidad de repartir billetes no tiene precedentes; no se puede comparar con la clásica compra de votos del pasado, modestísima en comparación con lo ocurrido ahora. Es obvio que ello solo es posible gracias al profundo cambio de nuestra economía y el consiguiente olvido de valores básicos de convivencia. Hasta ahora se pensaba que los peligros del “modelo” provenían de la facilidad para evadir impuestos, el incumplimiento de las leyes laborales, la colusión adoptada como sistema, siempre en desmedro de los consumidores. Pero ahora, sobre la base del aprovechamiento sin escrúpulos de la libertad económica, las candidaturas amigas o susceptibles de ser consideradas como tales han sido cooptadas mediante una danza de millones sin control.

Lo inquietante es que, como se sabe que todavía puede haber más revelaciones, surjan otros sectores desnudados de la misma escandalosa manera.

Por eso, lo recomendable hoy es callar y reflexionar. No es tampoco el momento de inventar más legislaciones de emergencia. Cuando la ley es insuficiente, deberían prevalecer los valores éticos de los cuales siempre se hace gala, en especial en momentos de crisis como este.

A. S.
11 de Enero de 2015