Tras el Papa imaginario.

 

La Dolce Vita comienza con un paseo en helicóptero. Sostenida firmemente en el aire, una gigantesca imagen de Jesús Obrero recorre Roma desde los suburbios hasta la Plaza de San Pedro. Más de medio siglo después, el jueves pasado, al atardecer, otro helicóptero, más moderno, hizo el mismo recorrido del de la película de Fellini, pero a la inversa. Era el último –nostálgico- viaje oficial del Papa Benedicto XVI.

La blanca aeronave con las insignias del Vaticano, despegó desde los jardines del Estado pontificio, dio una vuelta sobre la Plaza de San Pedro, cruzó el Tíber y sobrevoló los lugares más característicos de la Ciudad Eterna antes de enfilar a Castelgandolfo.

Tres horas antes del momento que él mismo fijó para hacer efectiva su renuncia, el Papa Ratzinger se despidió de su pequeño dominio terrenal.

Ahora la carrera por su sucesión es oficial. Desde el lunes 11 de febrero –el día que anunció su renuncia- se desataron las especulaciones sobre sus motivos y las características de su eventual sucesor.

El tema, sin embargo, solo adquirió su real dimensión el jueves en la noche:

¿Quién y cómo será el sucesor de Benedicto XVI? Ya hay una lista con una docena de nombres, cardenales provenientes de los cinco continentes.

¿Qué características debe reunir el nuevo Papa? Unos lo quieren con la profundidad teológica de Ratzinger, pero con menos años; otros añoran el carisma de los primeros tiempos de Juan Pablo II. Unos postulan un Papa cercano al pueblo católico: otros lo quieren menos conservador y más exigente. Es una suma de anhelos que dibuja un personaje que no existe en la realidad.

¿Cuáles serán las tareas más urgentes del nuevo Papa? Aquí también se produce una suma imposible: deberá enfrentar las “divisiones” no aclaradas que denunció dramáticamente el propio Benedicto XVI; tendrá que escuchar los llamados contra la corrupción y los abusos sacerdotales. Hay quienes quieren que complete la obra del Concilio: más participación de los laicos, mayor presencia femenina, eventual matrimonio de los sacerdotes, menos poder de la Curia, etc.

Encontrar ese Papa ideal que no existe, pero que satisfaga los deseos de la mayoría es el trabajo de los cardenales que debe culminar con la “fumata” blanca indicadora de que hay un nuevo Papa.

Hay todavía otro problema. ¿Cómo se llamará el nuevo pontífice? Hay nombres que pueden ser indicadores inequívocos de su orientación: Benedicto XVII, Juan Pablo III, Paulo VII, Juan XXIV o Pío XIII, León XIV o Gregorio XVI.

Cada uno de ellos tuvo sus propias características: se identificaron con poderosas corrientes doctrinarias o sociales; promovieron el cambio social o privilegiaron el combate contra el comunismo; se preocuparon preferentemente por los pobres y los desvalidos o pensaron que el futuro estaba en los jóvenes. Algunos fueron renovadores, como Juan XXIII, o acentuaron la doctrina conservadora como Juan Pablo II. Han viajado o se han recluido en el Vaticano.

En fin, han sido humanos pero eso puede no ser suficiente para quien represente a Jesucristo en la tierra.

 

A. S.
1 de marzo de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas