El Papa en Renoleta

 

Francisco no cesa de hacer noticia. En los últimos días formuló en el diario La Repubblica una dura crítica a la Curia Romana. Por instrucciones suyas, el Vaticano ha transparentado sus estados financieros. Puso fecha a la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II. Convocó a su primer encuentro al G8, los ocho cardenales a los que pidió “renovar, revivificar la Iglesia” a la luz del concilio Vaticano II. El 19 de septiembre, en otra entrevista, había expresado que la Iglesia Católica debe despojarse de la obsesión por las enseñanzas sobre el aborto, los anticonceptivos y la homosexualidad y volverse más compasiva.

Es una actividad sin tregua. El Papa ha seguido, como es su costumbre, mezclándose con los fieles, en un sobrio papamóvil abierto: un jeep Mercedes G 500 de 2007. El cambio es radical. Es el adiós a los sofisticados (y a veces ostentosos) vehículos que se empezaron a usar tras el atentado contra Juan Pablo II.

Se ha generado, sin embargo, una nueva preocupación: el temor a un ataque mortal. Es una idea que ha estado rondando los comentarios en las redes sociales, desde su elección. Con el paso del tiempo y los reiterados gestos de audacia del Papa, los temores han aumentado.

En su inédita entrevista con Eugenio Scalfari, editor del diario La Repubblica, usó una durísima expresión: “La Corte es la lepra del Papado”. De inmediato en los blogs del mundo entero se repitió una misma reacción: “Ojalá que no lo maten”.

Es, probablemente, el resultado de best sellers como El Código Da Vinci en que las más siniestra intrigas se tejen en torno de San Pedro. Es una atractiva literatura que mezcla datos verdaderos y muchas fantasías. La muerte de Juan Pablo I al mes de su elección; los escándalos financieros de la Banca del Vaticano; la falta de reacción ante los abusos sexuales abonaron el terreno para la desconfianza. En los años finales de Juan Pablo II era precisamente la “Corte” como la llamó el Papa Francisco, la que ejercía el poder real. Benedicto XVI optó por claudicar.

Francisco ha asumido valerosamente la responsabilidad de producir las reformas profundas que se esbozaron en el Concilio hace medio siglo. Tras un breve período de aclimatamiento, está en plena campaña de renovación en todos los frentes. Ha sido firme en la denuncia. La administración central "cuida por los intereses del Vaticano, que todavía en gran parte son intereses temporales. Esta visión vaticano-céntrica descuida el mundo a su alrededor y yo haré todo para cambiarlo", le dijo al periodista Scalfari. "El Papa Francisco quiere gobernar según las indicaciones de la Iglesia universal. Un gobierno menos romano, que tiene en cuenta la situación en todos los continentes, que equilibra el método de consulta", agregó cautamente el portavoz Federico Lombardi.

La “guinda de la torta” la puso el Papa con otro gesto. Cuando un sacerdote de Verona le regaló una renoleta 1984, decidió usarla. Pero con una limitación: la usará solamente dentro del Vaticano. Es el Papamóvil más sencillo de todos.

 

A. S.
4 de Octubre de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas